Y hacerlo ante el concierto de capa ofrecido por Morante de Puebla y la gallardía de Diego Silveti, llevándolos detrás, en la corte, aumentan el mérito.

Un encierro justo de presentación envió Julián Hamdan; dos de ellos devueltos por escasa presencia. Los de Celia Barbabosa completaron la papeleta. Y ahora sí se sintió el clima taurino, el de efervescencia desde horas antes del festejo; el cartel invitaba a saborearlo.

377“, el abreplaza, fue un muñeco templado, desde salida. Y con una larga cambiada de rodillas le probó Eulalio; sus Lances de recibo fueron meciéndose hasta rematar, copa arriba, con la Media Verónica. Y va por ustedes. Cristal por derecha, adueñado del escenario, encontró el eco de ¡Salud! transformados en largos olés de unos veinte mil aficionados.
Pasos firmes y exactos al dirigir el diálogo con el hamdeño. Y fiel al proceso vitivinícola, lento-lento, marcó su sitio, distancia justa y enganche preciso, de tres en tres impregnados de escencia. El momento cumbre llegó plasmar el Derechazo, unido a otro, en redondo y Cambiar de mano el recipiente.
Nítido, transparente y con cuerpo llegó la faena a su punto de añejamiento al ofrecer la solera con la mano izquierda, en medio de Cambos en la cara, después de templadas Dosantinas. La entera se fue hasta lo más alto en cruz, mientras quedaba en los paladares la buena uva, de dulce, concentrada en la embestida del toro.
Oreja, que pudieron haber sido dos, se reflejó en la sonrisa del público, prolongada al aplaudir el arrastre del “377“, de ingredientes finos, selectos y azucarados.

Devuelto el corrido en quinto lugar, enfrentó Lalo al deslucido de Celia Barbabosa que se quedaba corto y, pese a esas condiciones Cristian Sánchez le cuajó un par al Relance, agradecido en el tercio. Ni doblándose por bajo hizo romper al astado, pero apareció el recurso de la lidia, más cuatro viajes con la espada, aguardando silencio.

Medias de éxtasis dibujó Morante al tomar la capa: cinco Verónicas de extracción literaria culminaron en las dos primeras Medias, señoriales, Belmontinas, al plegar las puntas envueltas en medio cuerpo torero. Tres Chicuelinas de ajuste también se adornaron en el remate de la Media al llevar a “Hanno” al caballo.
Y una más, envolvente, Media firmó José Antonio al quitar por Chicuelinas; todo un concierto de capa. Lamentablemente el eco decayó al tomar la muleta, pues ya no había trasmisión en la embestida, silenciadas por un pinchazo y una entera, pitando el viaje al destazadero.

Aunque era “Para toda la Vida” el nombre del séptimo, el juego alcanzó para poco y eso, gracias, a los destellos propios de Morante, como sus lánguidas Verónicas, un personalísimo Recorte y una sola tanda por derecha. Cinco viajes con el acero se prolongaron en un aviso, tras el reconocimiento a través de las palmas.
Para Diego pintaron más las cosas al ser devuelto el tercero; el de Doña Celia Barbabosa resultó desabrido; Lo más sobresaliente fue ese par al Sesgo a cargo de Diego Bricio; llamado al tercio, y la voluntad del hijo de David. Dos pinchazos, entera: silencio, y pitos en el arrastre.

Pero le salió lo Silveti en el octavo; ahora tragando el “Guerrero de Luz” la garra en el quite por Gaoneras. Bastó quedarse a medio viaje el de Julián para darle fondo y forma a la faena: Encunándose en esa media luna que forman los cuernos; distancia que media entre pitón y pitón.
De ahí, cuerpo retador metido en la cuna, extrajó Diego los muletazos, intensos y llenos de un asombro torero. Medio paso, de frente y hacia adelante, estrujaron al aficionado, ante el valor placentero de Silveti. Sus Capetillinas y Joselillinas, bajo intensa lluvia, fueron emocionantes, estremecedoras.

Y en el pinchazo se esfumaron los premios, a pesar de la entera, más tarde, en buen sitio. Ovación sonora. Ese vino desgarrador de Diego; el concentrado belmontiano por Morante y, la solera de 30 de “Zotoluco” han hecho espléndida la tarde. ¡Señores, servidos!

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Video: Julián Herrera

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