No fueron los típicos astados fáciles y bobalicones que se dejan hacer florituras. Las dudas y errores los coletas las pagaron con volteretas.
El abreplaza, le correspondió a Antonio Lomelín, un novillo andarín que derrotaba de continuo y con el cual se plantó para torearlo con la derecha, sin embargo, en uno de los pases, Azucarero, prendió al torero pegándole una fuerte voltereta que lo dejó noqueado de pie. Una vez recuperado volvió al de Santín, para pasaportarlo al tercer viaje.
Colchonero, que complementó su lote, resultó el mejor de la tarde, en sus embestidas hubo son, recorrido, nobleza y fijeza. Condiciones con las que tardó en acoplarse Antonio, quien realizó una faena de menos a más, templados pases por ambos lados conformaron su trasteo. Intentó matar recibiendo y pinchó en dos ocasiones. Salida al tercio para Antonio, y arrastre lento para Colchonero, marcado con el número 423 y que pesó 415 kilos.
Juan Pablo Llaguno, enfrentó primero al complicado Serenata, que se volvía en un palmo de terreno buscando prenderlo. En dos ocasiones se ensañó el novillo con Juan Pablo, quien se levantó maltrecho y con el terno roto, para culminar su faena. Media ración de acero bastó y fue premiado con salida al tercio.
Con su segundo, con el corrido en el lugar de honor, le faltó mayor reposo.
Jorge Salvatierra, con tan solo ocho novilladas toreadas, demostró buenas maneras, le gusta correr la mano baja con lentitud y se vio con aplomo hilvanando sentidas series por ambos lados, destacando los naturales. Mató de un bajonazo y por eso sólo fue premiado con salida al tercio.
Con Coqueto, que cerró plaza, se le notó la falta de bagaje para aprovechar al máximo las nobles embestidas de su fijo oponente, todo el esfuerzo realizado no tuvo eco en los cerca de dos mil aficionados. Mal con la espada hasta escuchar un aviso. Su labor fue silenciada.
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