Cada suerte la transformaba en pinceladas de intenso color sobre lienzos de tela como inspiración bajada de musas que trajo consigo de su viaje a España y que se ensamblaron al duende que en él habita.
Desde que equilibró el capote ante el quinto de la tarde hasta desfondarse al pulsar la muleta. Y aunque no pudo enmarcarlas con el acero, los dos avisos en nada demeritaron la obra ante el clamor del desbordado público que le hizo dar la vuelta al ruedo.
Esa faena le permitió ganar el terno en disputa otorgado por la Unión de Matadores; en su primero fue silenciado.

Juan Pablo Llaguno obtuvo una oreja al regalar un séptimo de Los Ébanos, tras palmas en su lote ordinario. Y Ángel Espinosa “Platerito”: ovación tras un aviso y palmas tras bocinazo.
Salvo el lidiado en quinto lugar, el encierro de La Soledad fue deslucido.
Ese se llamó “Bala” y resultó de grueso calibre por su nobleza y trasmisión de embestidas. Antonio le tomó ritmo desde las primeras pinceladas al soltar en cada ejecución la punta de capote. En tres de ellas ya inundaba el eco del Olé que no se escuchó en los primeros cuatro ejemplares.
Sus Lances parecían penetrar en el metrónomo al rematar el recibo con Rebolera y la Media de rodillas. Ahora que al instrumentar Tapatías para llevarlo al caballo, la cadencia se escribía en papel pautado.
Y la gracia apareció al quitar por Gaoneras, rubricadas con Rebolera hacia los adentros y la Brionesa selladas. Se comprometió en brindis al ganadero de Xajay, Javier Sordo y se unieron suerte con suerte de la buena que alcanza calidad en su respectivo paso.
Ubicado en los medios Cambió el viaje dos ocasiones y, las cerdas del pincel fueron engarzando largos Derechazos ante delirante público. El templado ya no embestía en Soledad, su conductor le acompañaba con música de sinfónica.
Ahora que el desgaste encontró alivio cuando Mendoza lo mimó a media altura en un soberbio Cambio de mano por delante y mantenerlo en pie por Sanjuaneras. ¡Las telas, percal y franela, se impregnaron de arte!.
Y aun faltando el marco metálico de la culminación, en cada pinchazo reponía la emoción al desgranar perlas. Le sonaron dos avisos, pero los aficionados quisieron ver de cerca al artista al obligarlo a dar la vuelta al ruedo.
Su primero fue deslucido y de embestidas descompuestas. Antonio escuchó un aviso, en tanto pitaron el arrastre.
Llaguno se topó con la sosería y mansedumbre del abreplaza que saltó hasta el cable de la barrera al recibirlo a Porta gayola. Descastado el cuarto, regaló un séptimo al que a base pisarle el terreno le sacó Derechazos de hondura.
Metió la espada en buen sitio y le premiaron con una oreja que lamentablemente no pudo lucir al desatarse torrencial aguacero.
El tercero en el orden apuntaba buen lado izquierdo, pero al cambiar de lidia, “Platerito” sólamente pudo lucir con las banderillas, al igual que frente al deslucido cierraplaza.
Eduardo Delgado recibió el carnet de picador al dejar buena imagen durante el protocolo.

Los cuadros firma Antonio Mendoza se cotizan en altos vuelos.

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