Ahora, que Javier Castro trajo consigo los adecuados pinceles para plasmar la faena, misma que se quedó sin firma al fallarle culminación a la obra. Saludo desde el tercio entre la novena novillada de temporada en La México plena de detalles en interpretaciones propias de los chavales.

Sergio Garza, Arturo Soto, Paco Miramontes, José Rodrigo y Ramón Fernández completaron la selección para entenderse con cinco de Antonio Guzmán y uno de Villa Carmela ante el sonar de las palmas y avisos, y una desbordante afición que soportó desigual temporal.

Fue todo un acierto el rendir homenaje al extraordinario pintor taurino Ramón Reveles distinguirle el nombre en el cartel superior de toriles al dársele suelta al segundo de la tarde. Su alegre son fue recibido de rodillas en tres Faroles por Castro aunado al ajuste de Gaoneras.

Esa suave embestida tuvo recepción en los medios, a campo abierto donde se estructuró la faena de fino corte, iniciada en un Cambiado por la espalda y el De pecho, no hubo que repetir la dosis al descubrir la obediencia en toques, aprovecha en el despacioso toreo en redondo.

Clase apincelada en mano izquierda de cerdas acariciables que dejaban estelas en cada ejecución Natural, de ahí el aprovechar la bondad del lado en un par de Dosantinas ligadas a dos Derechazos y cuando en pleno remate se invadió el terreno del toro surgió la Capetillina sacada de la imaginación para conservar el arte.

Y justo cuando faltaba la rública pesó el acero de punta, impenetrable hasta escuchar dos avisos que no perdieron la dimensión de faena al atraerlo al tercio y desgranarle la ovación, mientras a Reveles se le aplaudía con fuerza. Ya vendrá la dedicatoria al maestro con ese gran apoyo de Cinco Villas, presente en entusiasmo.

Sergio Garza abrió plaza ante el saltarín de callejón “Marito” buscando penetrar en interpretaciones propias a la Tafayera, Firma y Desdén, sin embargo quién iba a pensar que el conseguirlo le costaría un rayón al descubrirle el glúteo izquierdo seco derrote por rotura de taleguilla.

Esa determinante actitud de no mirarse la ropa con tal de conseguir el triunfo fue sumamente valorada, a grado tal que resonaron las palmas al prolongarse con los estoques, previo aviso enviado desde el palco de la autoridad.

Arturo Soto pechó con un descastadillo tercero, eso sí muy serio de presencia. Machacona fue su labor en busca de ligar no más de cuatro muletazos, pues “Coahuilense” con dedicatoria acorde no daba para más al quedarse parado en el ruedo por más insistentes toques del chaval que jamás desistió.

Por fortuna tuvo en su cuadrilla a un par de señorones que con sus capotes de muerte lograron doblar al falto de casta coahuilense, Sergio González y Juan Ramón Saldaña. Se quedó en dos avisos, casi al punto de ser devuelto el animal por los constantes golpes de descabello, de ahí el abucheo para toro y torero.

Paco Miramontes se distinguió por la tarea de sobar al único de Villa Carmela para arrancarle los lentosos Naturales casi al final de faena. Ese lado bueno le permitió escuchar los tardíos olés que impresionaron al igual que al tomar la espada. A Topa carnero el primer viaje y salir despedido por los aires el segundo.

Eso sí en cuanto se arrancó por cuenta propia saludar desde el tercio y más tarde la vuelta al ruedo le cortaron el viaje desde el tendido justo al llegar no más allá de la enfermería donde fue atendido de contusiones. Interpretación y valoración muy a su modo.

El que trae consigo el libro añejo es José Rodrigo, que por más que no quiera usar el sobrenombre de su padre “El Breco” lo deja al descubierto como el abrirse de capa, rodillas en tierra en sus Lances de recibo o aquella Media Belmontina para juntar las puntas; sus peculiares Chicuelinas andantes o sus lánguidas Tapatías.

Al tomar banderillas quedó a deber, pero que sello al alternar en tandas toreo en redondo y toreo por alto. De las viejas hojas rescató Lacernistas, Sanjuaneras y pases de Costado intercalados
por Derechazos, además de un andar torerísimo natural que el abucheo al escuchar también dos avisos no se perdió con la espada ante la poca fuerza del burel.

Y si de suertes en desuso hablamos que pero se le pondría a la Serpentina de Ramón Fernández o a su primera serie en redondo de Derecha acompañando con sabor cada engarse. Ciertamente fueron pocas asomando el natural temple del torero, virtud propia.

Sufrió un levantón a media faena y como se le fuera la mano abajo al empuñar el estoque la premiación alcanzó palmas, tras interpretar Joselillinas.
Justo premio al maestro Reveles el rendido por Javier Castro en tarde de selección.

FICHA.-Plaza México, novena novillada de la temporada. Entrada cercana a los mil cuatrocientos espectadores.
Clima frío, y lluvioso a partir del tercer toro.
Ganaderías.-Cinco de Antonio Guzmán y uno de Villa Carmela. Pesos: 384, 372, 440, 406, 427 y 380.
Sergio Garza.-Palmas tras un aviso.
Javier Castro.-Salida al tercio tras un aviso.
Arturo Soto.-Abucheo tras dos avisos.
Paco Miramontes.-Palmas. Regresado al iniciar vuelta al ruedo por cuenta propia.
José Rodrigo.-Abucheo tras dos avisos.
Ramón Fernández.-Palmas.

Subalternos destacados.-Sergio González y Juan Ramón Saldaña.
Juez de plaza.-Jesús Morales, acertado gracias a la asesoría de Juan Vázquez.
Incidencias.-La actuación de el hijo de “El Breco” provocó polémica, pero de la buena.

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