Ante un lleno total en los tendidos de la plaza de toros Alberto Baderas de Ciudad Lerdo, Durango, se lidió un encierro de la ganadería de La Antigua bien presentado y de juego variado.
Antes del paseíllo lidió una becerra a la usanza portuguesa el Hidalguense Cristóbal Arenas. Y al terminar el Festejo el novillero español lidió un ejemplar. Ambos vistiendo de corto.
Cristóbal Arenas El Maletilla; oreja simbólica.
Héctor Edo; Palmas.
Eulalio López Zotoluco: Palmas y Palmas.
Antonio Lomelín: Ovación y ovación.
Detalles:
Se hizo entrega de un reconocimiento , por sus 60 años de trayectoria en la crónica taurina al Manuel Rodriguez Orduña que fue otorgado por la peña taurina Oro, Seda , Sangre y Sol. Los Toros Arte y Cultura.
Eulalio López Zotoluco se despidió de suelo lagunero como matador de toros sin cortar orejas, ya que pinchó la oportunidad, su alternante en el mano a mano Antonio Lomelín Jr., también se fue en blanco, ante un un lleno en el coso lerdense Alberto Balderas.
Abrió el festejo el niño torero Cristóbal Arenas El Maletilla, quien tuvo una vaquilla un poco rehuía pero logró cuajar varios naturales y molinetes de calidad para cortar simbólicamente la única oreja simbólica del festejo.
El matador capitalino que marcó su despedida de los ruedos laguneros, en su primer enemigo mostró oficio y muy buenos derechazos despacio y largos, lamentablemente al momento de la estocada el toro no apretó y pinchó en lo alto, para escuchar palmas. En su segundo enemigo no tuvo materia prima y simplemente el toro no quiso pasar, por lo que solo estuvo la voluntad del torero acompañado de “Las Golondrinas”, pincha dos veces y deja estocada entera para saludar en el tercio.
Antonio recibió con afarolados de rodillas, muy voluntarioso quita por chicuelinas y después de la puya quita por caleserinas, dejas buenos momentos con la muleta pero pincha los trofeos. En su segundo la tónica no cambió, voluntarioso con la muleta dejando buenos naturales pero la espada vuelve a fallar para irse sin trofeos.
Se dio un regalo para el novillero español Héctor Edo, que saludó de hinojos con largas cambiadas y ofició de buena manera en banderillas, se le vió con muchas ganas por ambos pitones pero la espada se le hizo pesada, para despedirse con palmas.
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