Cuando se asiste a una fiesta lo primero es cumplir con las reglas de etiqueta. En el caso de una corrida en la plaza Nuevo Progreso, esa parte del protocolo implica para un ganadero llegar con una corrida impecablemente presentada. Los ganaderos La Punta no atendieron a esta premisa básica de cortesía al público y respeto al escenario y llegaron con un encierro muy lejano a lo que se espera de un auténtico toro. Animales con cara anovillada y cortos de pitones, fueron la primera decepción.
La segunda falla de La Punta fue su comportamiento alejado de la bravura y la emotividad. A los caballos acudieron por compromiso, como quien va a misa sin convicción y sin comulgar. Como en todos los casos siempre caben las excepciones y está llegó con el cuarto de la tarde de nombre Serranito. El único toro bien presentado, que dio pelea en el caballo y que embistió con claridad. Ante ese ejemplar Mario Aguilar soñó con los naturales perfectos y los ejecutó.
El torero de Aguascalientes siempre ha sido visto como poseedor de ese misterio llamado arte, pero también de una intermitencia que no le ha permitido avanzar hasta donde sus capacidad auguran. Pero ayer en la Nuevo Progreso fuimos testigos de un Mario Aguilar, quien sin renunciar a su vocación artística mostró hambre y aptitud. Si bien ya había tenido momentos destacados con su primero de nombre Agavero, con su segundo llegó al punto de la sublimación. Fue precismante con Serranito cuando Aguilar en el último tercio comenzó a tomarle el pulso a las embestidad del de La Punta. Primero tuvo pasajes importantes con la mano derecha, hasta que descubrió un tesoro por el pitón izquierdo. Con la muleta relajada, a una velocidad que por su lentitud desafiaba las leyes de la física, Aguilar se fundió en naturales que seguramente sólo había concebido en lo imaginario. La plaza los deleitó con la conciencia de estar ante algo sobresaliente. Pero el mundo no es perfecto, Aguilar tomó la espada y dejó un bajonazo que demeritó la premiación, que ante la insistencia popular fue de una oreja. El sabor de esos naturales, ese no se borrará nunca.
El tapatío Oliver Godoy fue un daminificado de la La Punta. Ante su primero se estrelló ante la incomprensión de la gente que no le tomó nada en cuenta debido a la molestia de los asistentes ante el nulo trapío de ese animal. En su segunda comparencia estuvo aseado, solvente en la técnica, pero la emoción no asomaba por ningún lado debido a lo descastado de su dizque enemigo. Ante ese panorama acudió al muy socorrido recurso del toro de regalo. Por supuesto no se trató de otro punteño sino, de un toro de Santiago.
Pipiolo, en memoria del recién fallecido Mario Rodríguez, dio pelea en el caballo y posteriormente le permitió a Oliver realizar un quite por zapopinas. En ese mismo toro Diego Bricio saludó en el tercio por dos buenos pares de banderillas. Cuanto cambia el panoramo cuando la bravura se asoma un poco.
Oliver, consciente de la necesida de triunfo comenzó su faena de muleta a todo tren, con un par de péndulos en un terreno muy corto. El toro tenía recorrido pero humillaba, el mérito del torero fue dejarla la muleta en el cara y somterlo para repetir las acometidas. Godoy cuajó buenas series por ambas manos, pero el toro optó por rajarse y Oliver cerró su faena con unas apretadísimas bernardinas. Tras media estocada, se sumó a la lista de triunfadores con el corte de una oreja.
El tercer espada Gerardo Adame también fue víctima de la pobre presencia de los punteños. En su primero el público no se molestó en tomarle en cuenta nada de lo que hacía. A su segundo le ejecutó en el primer tercio un quite por tafalleras y con la muleta tuvo pasajes destacados en pase con la derecha, pero la faena nunca rompió.
Ficha técnica
Plaza Nuevo Progreso, última corrida de temporada. Tres mil espectadores aproximadamente.
Seis toros de La Punta, cinco mal presentados y que no peleraon en el caballo, Destacó el cuarto que fue aplaudido en el arrastre. Se lidió uno de regalo de De Santiago.
Mario Aquilar (azul pavo y oro): estocada caída (silencio). Estocada caída (oreja).
Oliver Godoy (verde botella y oro): un pinchazo estocada y cinco descabellos (aviso). Pinchazo y estocada (al tercio). En el de regalo, media estocada (oreja).
Gerardo Adame (burdeos y oro): estocada (silencio). Un pinchazo y estocada (palmas)
Foto:Archivo.
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