Lamentablemente Arturo Macías, con el mejor lote del encierro, dejó escapar la que hubiera sido la tarde de devolverlo al carro de triunfadores en la historia de la plaza México.
Seriedad, presencia y claridad, además de propio ritmo ha ofrecido el encierro de la ganadería de San José: adormilándose en el peto algunos; remilgosos al embestir otros, pero en general con trasmisión.
Ha sido toda una tarde taurina: con las exhibiciones de pancartas por parte de las porras en defensa de la fiesta y la mejor respuesta, el trapío del toro, como tónica auténtica de particular gusto. Tanto la Porra Libre con un “Sí, a los Toros”; como la de Por Amor al Arte en “Un Derecho es lo que Nadie te Puede Quitar”, manifestaron su postura ante los ataques hacia las corridas de toros.
Y cuando salió el abreplaza, un ¡Ah! de admiración centró las miradas para rendirle culto a su magestad el toro.
Torear despacio no cualquiera. Y eso fue lo que dejó en claro Padilla con el abreplaza. Toro remiso, ese que se empeña en no acudir al cite por más esfuerzos del torero, pero que requiere del Don de enganchar, lo que no encontró Juan José y que trató de complementar con acariciar la capa de “Botón de Plata” en una aparente muestra de dominio que jamás alcanzó, por lo que tuvo leve petición al dejar una entera trasera. Al tercio, resultado.
Otro JJ acudió a enfrentar el camino del que hizo cuarto de la tarde en par de Largas cambiadas de rodillas, sin embargo en cuanto le protestó el público le trazó Lances ceñidos de frente. Y como lo llevó rítmicamente hacia el caballo cambió la decoración. Ahora si, lució segundo tercio con un Sesgo al violín. De rodillas, por alto trazó los muletazos y en cuanto sintió la presión de unos 5,500 espectadores cambió la tónica y corrió la mano en redondo a placer. Despúes vino la enjundia para torear en redondo por los dos lados y cuando aparentemente tenía sometida la calidad de “Nenito”, salió volando y hacia arriba en un derrote seco. Se repuso el jerezano y tras un torero desplante sepultó el acero en buen sitio para cobrar las orejas.
Fermín Rivera lució la clase frente al tercero de la tarde ante la calidad de “Patero”; salida al tercio por un toreo de ambos lados.
Duro y agarrado al piso resultó el cierra plaza, además de peligroso, pero en cuanto le indicaron el de regalo, escuchó palmas al dejar una entera y descabellos.
Las medias embestidas fueron sentidamente aprovechadas por Fermín, desde la brega al llevar a “Charro” al caballo, su quite por Gaoneras en desafío. El inicio de perfil al tomar la muleta y el escaso recorrido, bien conducido al llevarlo a buen fin en cada tanda tanto por derecha como izquierda. Y la sobervia estocada, en lo alto. Mata como templa. Una oreja de gloria, clase y señorío.
Macías se llevó el toro del encierro. Tuvo destellos, aislados, malogrados con la espada.
Algo similar sucedió con el quinto en el orden. A media faena el público ya lo estaba hostigando en descontento, por lo que recurrió al toreo encimista, que no alcanzó a calar, aún ante una aparatosa cogida, sin consecuencia. Entera bien colocada y a dividir opiniones.
La serenidad prevaleció al cerrar festejo oreja en mano Fermín Rivera, no obstante la salida a hombros de Padilla. La pureza, por encima de todo, aun con velas desplegadas.
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