La gente cree que cuando el cartel es de relumbrón y hay figuras tienen más probabilidades de ver cosas interesante en el ruedo pero se equivocan de cabo a rabo, Tardes como las de este domingo en la Santamaría son las que dan el condimento y la sustancia a la temporada y a la fiesta, al que vino nunca se le olvidará lo que debe ser un toro de lidia, tanto de forma como de fondo.

Sebastián Vargas, dos orejas, y vuelta al ruedo.
Miguel Abellán, vuelta al ruedo y silencio.
Diego Urdiales, oreja y ovación cuando abandona al ruedo.

Detalles:
Diego Urdiales confirmó su alternativa en el primer toro de la tarde.

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Y hablo de forma y de fondo porque los variopintos toros de Santa Bárbara que estuvieron magníficamente presentados, cosa que el público agradeció aplaudiendo a cuatro de ellos recién salidos de toriles, también tuvieron por dentro lo que debe tener un toro. Casta y motor. Y eso que esta ganadería es pura de Domecq, lo que tienen de Nuñez lo llevan separado en otra línea. Eso quiere decir que no es el encaste lo que determina el comportamiento final de los toros sino el carácter y la rigurosidad del ganadero lo que lleva por buen rumbo a las ganaderías.

Pues hemos tenido de nuevo el placer de ver toros de lidia en el ruedo bogotano, no salió tan redonda como el año anterior pero fue una buena corrida con un gran interés para el aficionado en la que destacó sobremanera el segundo toro de la tarde, un toro, Castellano de nombre, con una acometividad de museo, con motor de avión y con un galope y una alegría sobrecogedora, si tuvo un pero fue que dos veces se intentó distraer pero creo yo que se debió a que su matador le quito la muleta de la cara. También hay que destacar al encastado tercero que rebrincaba un poco al final de la embestida pero que se comía la muleta, el primero también galopó con clase y fue noble aunque coceó en el caballo, el cuarto se vencía un tanto por el derecho pero era encastado también, el quinto fue el menos bueno de todos, se quiso rajar y terminó en chiqueros, y el sexto también encastado, correoso, desarrolló sentido y nunca se dejó ganar la pelea. Como ven, todo un gusto para el aficionado, el toro de lidia en su máxima expresión. Como debe ser.

En el tercio de varas vimos la que ha sido hasta ahora la mejor vara de la temporada, de Cayetano Romero a ese segundo toro que se empleó y empujó con codicia, Romero le picó bien, en la base trasera del morillo pero en el morrillo, un puyazo que tuvo mucha plaza sin duda potenciado por la pelea del bravo toro de Santa Bárbara. Las demás, traseras como es costumbre, el que si estuvo mal fue Clovis Velásquez en el que cerró la tarde pues rectificó hasta en tres ocasiones.

Sebastián Vargas que tiene una suerte loca y en los últimos tres años se ha llevado los mejores toros de las corridas en que ha actuado en Bogotá estuvo más suelto y relajado que otras veces, pero siempre por debajo del torazo de Santa Bárbara, algunas veces llevándolo bien en su muleta, otras veces con ventajillas sobre todo por el izquierdo y muchas veces pueblerino, recortando el viaje de un toro que se venía alegre dese lejos, pero el estaba encantado, tanto, que no hizo caso a una petición de indulto, más justa que muchísimas otras que se prodigan en nuestras plazas, entró a matar y cobró una estocada de efectos mortales pero no en muy buen sitio. Dos orejas largas que le deben saber a gloria pues fueron de un excelentísimo toro que nunca olvidará. En el cuarto, ya con la puerta grande asegurada no estuvo tan confiado, en banderillas colocó un buen par de adentro afuera pero los otros dos no fueron lucidos y en la muleta no se encontró nunca con el toro, al que le daba dos muletazos y le cortaba la serie. Mató de estoconazo y saludó desde el tercio.

Lo más meritorio de toda su actuación fue un arriesgadísimo par por los adentros quebrando al primer toro de su turno, en el que se pasó el astifino pitón derecho por los alamares, eso sí que tuvo verdad. Salió a hombros sin merecerlo del todo pero le servirá para que otras plazas piensen en él para próximas ferias.

A Miguel Abellán le vino ancha la encastada embestida del tercero de la tarde, lo intentó con voluntad, pero como estos toreros modernos formados en escuelas taurinas parecen fabricados en serie, como sacados de una fabrica de autopartes, están tan poco acostumbrados a enfrentarse a toros con casta pues estuvo a la deriva en gran parte de la faena, por el pitón izquierdo se reunió más y sacó algún muletazo estimable casi en la quinta tanda de la faena, pero el toro le había desbordado, el pensaba que le iban a premiar por el esfuerzo pero había que estar mejor con el toro. En el quinto tampoco mucho, más bien destemplado por cierta violencia en la embestida del toro, en tablas se dedicó a pasarlo por alto pero sin ningún brillo. También mató de estocada entera.

Diego Urdiales que se presentaba formalmente en Colombia, aunque ya había pisado nuestro país en alguna feria de provincia, dejó la impronta de un torero serio, de los de antes, sin aspavientos, firme y sin concesiones a la galería, se agradece el ver este tipo de toreros alejados de la galerna y el figuraje. En su primero se fue gustando poco a poco mientras descrifraba no solo al toro sino el paladar de la afición bogotana. Desde el capote dejo visos de su toreo serio, luego en la muleta estuvo muy centrado, estirándose en muchos muletazos sólidos, mató de gran estocada y se llevó una justísima oreja.

En el sexto a pesar de que nunca encontró la distancia correcta al toro, le plantó cara, hasta la cuarta tanda no le pudo al toro que le comió los terrenos al torero en todo momento, algunos desprevenidos pidieron la música cuando lo que sucedía en el ruedo no era de fiesta pero si muy taurino, denso y con significado. Mató también de estocada entera y se fue con el respeto de la afición bogotana.

De los subalternos de nuevo destacar a Ricardo Santana al que la presidencia nos privó de verle en su segundo par por haber cambiado el tercio con solo dos pares en el quinto de la tarde.

¡Que viva el toro de lidia!

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