Señor Ventura no venga a dar “derrotes” al público taurino del Nuevo Reino del León, pues con su inasistencia del compromiso adquirido, no sólo con la dama que hizo empresa, sino con el público regiomontano, no lo hace caballero y desprestigia sus hermosas cabalgaduras y a la fiesta de toros. Según mi entender, el torero a pie o a caballo dentro y fuera del ruedo debe de ser valiente, y usted resultó “rajao”. Cuánta razón tuvo el editorialista Felipe Díaz Garza al escribir que su cancelación de su festejo señalado para el domingo 30 de enero de 2011 en el cortijo de San Pedro Garza García, “se debió a una enfermedad respiratoria”, llamada miedo.
Si la inseguridad de nuestra ciudad lo inunda de miedo, lo más recomendable es que retorne de donde vino… pues todo el país está igual. Entonces pues, no va a encontrar barrera ni contrabarrera para su refugio ¿Por qué usted pudo torear en la plaza Santa María de Querétaro, si tanto teme a la inseguridad? Si en dicho estado fue secuestrado Diego Fernández de Cevallos y para su conocimiento también fue objeto de secuestro el ganadero de toros bravos don Fernando de la Mora, ¿O acaso en España no existe la ETA, con sus actos de terrorismo?
Sinceramente le digo a usted que me sentí frustrado que mi nieta menor que siente amor por lo caballos, no pudiese admirar sus jacas, pues era realmente nuestro interés ya que usted en particular, a mi juicio, monta muy desgarbado y carece de porte ecuestre de Álvaro Díaz Domeq y de Alvarito.
Le digo esto porque me resultó decepcionante que en la corrida celebrada en la ciudad de Saltillo (26 de enero de 2011) haya empezado con tres rejones de castigo, dejando a sus “toros” moribundos además que eran mansos y descastados. Pues mi santa y bendita esposa tienen más bravura que los toros de Guadiana que se corrían ese día.
Usted no fue a torear… fue a torear al público a los alcoholizados, pero no a todos y entre ellos me sumo. Su lidia fue para salir del paso y lo único que aprendí de ese día fue el corrido de Rosita Alvírez.
Me ha tocado ver a Pablo Hermoso de Mendoza, rejoneado en plazas de toros provinciales armadas para el evento, con la misma enjundia como si toreara en la Plaza México, y esto es ser un verdadero profesional, calidad que usted no demostró a los regiomontanos.
Por tanto, Diego si siente verdadera inseguridad, regrese a su tierra practique el rejón de muerte y cuando haya encontrado el hoyo de las agujas, podrá volver a este valle de Extremadura y por el tiempo que habrá transcurrido le aseguro que para entonces habrá paz social y los taurinos regiomontanos que aún permanecemos en la ciudad, que no le damos la espalda al riesgo, ni volvemos grupa, lo estaremos esperando.
Atentamente,
Lic. Gerardo Jiménez Cantú.
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