con una un lleno en la plaza de toros portátil, enclavada a las espaldas de majestuosos paisajes que la naturaleza nos dio, se lidiaron tres astados de la ganadería de La Cadencia, de los cuales el primero fue complicado, el segundo con calidad y el tercero se dejó pero desarrolló sentido.
César Ibelles: Oreja.
Antonio Mercado: Silencio.
Lorenzo Sánchez: Oreja.
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Es verdaderamente inadmisible que improvisados empresarios se queden con los festejos del Estado de Hidalgo, abusando de la buena fe del respetable; sí los empresarios improvisados que prometen un gran espectáculo taurino y, acaban representando en el ruedo, una vulgar parodia taurina que estrella las ilusiones del público que va a ver un festejo pleno de grandeza.
Como es lógico, se contratan toreros que deberían ofrecer una gran corrida de toros y, al final, se encuentran con novilleros que apenas y comienzan su andar por el mundo taurino, lo que no corresponde a lo prometido.
Es por ello, que las autoridades deben reflexionar a quien le otorgan esta responsabilidad, que no sólo conlleva a ofrecer un festejo, si no también a la permanencia de una tradición de siglos, como parte fundamental de la cultura popular.
La Fiesta de toros no sólo se debe cuidar en las grandes plazas, si no en todos los cosos de cada población de México, porque es donde igualmente comienza la gran afición a la Fiesta brava.
Decimos lo anterior, porque a pesar de que se cortó una oreja en el festejo, resultó decepcionante como a continuación se los relatamos.
Aparecieron tres astados que se aproximaron a novillos, los cuales estuvieron muy por encima de los actuantes, ya que no estuvieron a la altura de poder dar un buen espectáculo taurino a la afición hidalguense.
César Ibelles, le ha correspondido un novillo que tuvo sus complicaciones, ha realizado una labor sin llegar a poder entender al burel; sin embargo, al final pudo conseguir algunos destellos, en lo que sería una faena intermitente, para cortar la única oreja del festejo que fue otorgada por el bondadoso juez Gilberto Ruiz Torres.
Cuando un torero está metido en lo suyo se comienza a notar en el redondel, primero por su geografía corpórea, ya que muestra una notoria esbeltez, después por la manera de desempeñarse en el ruedo. Como decía Juan Belmonte, para ser torero hay que parecerlo. Por ello, esto nos vino a la memoria cuando iniciaba el paseíllo, y comenzaba su andar ese simpático gordito de nombre Antonio Mercado, que, sin duda, desde el inicio mostró su falta de experiencia en el ruedo, tanto con el capote, así como con la muleta.
Todo lo que intentaba realizar, siempre lo hacía sin la más mínima idea, el astado pasaba cuando el novillero se lo solicitaba, lo dejaba estar agusto, pero con todo y esas condiciones no paso nada. Ya cuando se disponía a realizar la suerte suprema, en repetidas ocasiones pinchó, tuvo de su lado a un juez muy benévolo, que en ningún momento sonó los avisos que correspondían, y una vez más el Todopoderoso protege la inocencia y capacidad exigua de este novillero.
Cuando los toreros funcionan en España, son los mismos empresarios hispanos los que no permiten que crucen el charco, caso concreto esta en los mexicanos Sergio Flores y Arturo Saldívar, observaron sus inobjetables cualidades, y no los han dejado salir de la Península. Esto lo mencionamos, porque el novillero español Lorenzo Sánchez quien cerró este festejo, se la pasó deambulando en todo el redondel y, en ningún momento fue capaz de asentar las zapatillas en la arena, además de que se ha llevado unos golpecillos por estar mal colocado.
Si el novillero español está acostumbrado a lidiar en su tierra al auténtico novillo con edad y con trapío, que es lo que le pasó al estar enfrentando a un animalito. De su futuro inmediato en la Fiesta, sólo la respuesta la tiene el joven Sánchez.
¿Qué fue lo que les pasó a los novilleros en toda la tarde?
No lo sabemos, de lo que sí estamos seguros es que la Fiesta es de grandeza, cosa que lamentablemente, no se pudo apreciar.
Foto de archivo.
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