Don Facundo Pañuelos, más que juez se distinguió por su desmedida afición a la fiesta, de la que jamás se pudo apartar.
Fue parte del esplendor vivido en las Ferias de Texcoco, montadas por Víctor Cayetano Curro Leal, con grandes y atinados carteles.

Entre muchos, se le recuerda uno en especial, el de aquel 22 de marzo de 1989, cuando el alicantino José Mari Manzanares quiso pasarse de listo, argumentando olvido de fecha de alternativa para no convertirse en primer espada, al lado de Mariano Ramos y César Pastor, ante el encierro de Don Javier Garfias.
Don Facundo, aparentemente se lo permitió echando por delante al diestro charro, sin embargo al concluir el festejo, las autoridades ya esperaban al alicantino para llevarlo a la cárcel, por falsedad de datos.

Todo mundo se asombró del hecho, por qué el señor Arroyo no lo remitió antes del festejo, se preguntaron. la razón, y con buen tino, fue no perjudicar el espectáculo. Manzanares estuvo encerrado, pago su multa y al día siguiente sostuvo mano a mano con Miguel “Armillita”; continuó la feria y Facundo en el biombo.

Fue muy aceptado en Texcoco, allá en las comidas de aniversario en reconocimiento al Gran Faraón, Silverio Pérez, organizadas por otro gran desaparecido, Tomasito Arriola, en su frontón. Ahí también acudía José Luis Borbolla, primer mexicano en la historia del futbol de España.

Mejor lidiador se ha ido, pues se necesita mucho carácter para estar en el ojo del huracán; usted lo sabe, conciliar intereses entre empresa, matadores, ganaderos y público no es tarea fácil. Habrá que preguntarles a los que se han atrevido a ser jueces de plaza.
Facundo Arroyo tuvo facu, si facultad para dirigir la fiesta, fiel a los cánones de impregnarla de alegría; por algo es fiesta.
Por ese camino va su hijo, Miguel. A cumplir con el paquete como la mejor herencia.

[pagewrap=compartir.htm]