Al margen del certamen Descubriendo un Torero estaba intrínseco el concurso de ganaderías, y de por medio el prestigio criador, lo que no permite equivocación. José María Arturo Huerta eligió a “Alegrías” de dos ejemplares presentados. Y con él rompió plaza:
Alborozo al impregnarse en el ánimo de medio millar de aficionados. Una delicia de júbilo, capote con mando en manos de Juan Ramón Saldaña y el placer de quebrantar desde el caballo a César Morales. Tomó dos puyazos embistiendo de largo en el duelo a la distancia señalada.
Y en el mismo tenor de regocijo fue a los capotes de Santiago Romero al quitar por Chicuelinas Antiguas y José María Pastor, en Gaoneras envolviendo cuerpo por Guadalupana; ni qué decir del son al acudir en las banderillas de Santiago ganándose la salida al tercio.
Ahora que el intermedio de cada tanda de muleta tuvo brillantés al desplazarse por cualquier lado; un dechado de admiración. Hondo fue el pinchazo al tercer viaje. Y le sonaron fuerte las palmas en el arrastre lento, aunadas a las de Santiago Romero al saludar desde el tercio.

Otra cara, la de embestir desacompasado tuvo el novillo de El Rocio ante la insistencia del picador Rodolfo Acosta. Pero los filosos cuernos veletos le sacaron el carácter a José María Pastor fajándose como los valientes. Y entre la guasa de “Serrano” le sacó juego por el mejor lado, el izquierdo.
Tres cuartos de acero requirieron además del descabello hasta escuchar un aviso, mientras la ovación acompañaba al hijo de César Pastor.

Por fortuna se recuperó la alegría en la plaza Arroyo al darle suelta a “Amor del Bueno”. A la voz, rienda y vara sobre el hombro citó César Morales al Julián Hamdan quedando al descubierto el poder de transmisión en sus arrancadas. La segunda, tras perseguir en línea el castoreño arrojado por el varilarguero.
Embestida franca sobre los riñones para levantar al caballo en la pugna. Sobre las patas del cuaco aguantó César el encontronazo casi en giro completo hasta caer a la arena en la emotiva suerte, la mejor de la tarde. Juan Pablo Herrera quitó por Valentinas tan armónicas como su remate.
Ese claro viaje lo mantuvo Herrera al cubrir el segundo tercio; de las alturas se desprendieron las notas de “Pelea de Gallos” y la motivación fue al máximo al brindarle la muerte a Chucho Arroyo. Lamentablemente, el chaval de Aguascalientes decayó en la faena de muleta y no se le pudo ver más al jualianhamdeño.
Hondo y descabellos decretaron el aviso, en tanto las palmas eran para el novillero y la fuerte ovación para el novillo.

Fuera de concurso cerró otro de José María Arturo Huerta. Tomó tres varas de Rodolfo Acosta apuntando el asentamiento que aprovechó en muleta Héctor Gabriel.
Tintes artísticos cobró el joven al impregnarse del aderezo musical “Que Chula es Puebla”, su tierra, para construir la faena iniciada por pintureros doblones e intercalar algunos Derechazos de ahondado sentimiento. ¡Ah su Trincherazo! Pero la veleidosa suerte no fue benigna con la espada. Y ni a él le llenó la ovación.

Arte, Pasión denominó Paola Arroyo su exposición fotográfica, a través de una lente fuera de lo común al captar bellas expresiones. Por ahora “Alegrías” inundó el feudo de Chucho.

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