En tarde en la que predominaron las ráfagas de viento sobretodo en la parte final. Más de un cuarto de aforo lució la hermosa Monumental hidrocálida. Se lidiaron astados de diversas ganaderías, el de Manolo Espinosa débil y no se prestó para el lucimiento, otro de Montecristo manejable, dos de Teófilo Gómez manejables, el tercero de embestidas francas y emotivas y el quinto que salía suelto. Uno de San Isidro muy bueno que recibió fuertes palmas en el arrastre y uno más de Santa Bárbara débil.

Manolo Espinosa: Vuelta al ruedo.
Eloy Cavazos: Dos orejas.
Fermín Espinosa: Oreja.
Humberto Moro: Dos orejas.
Miguel Espinosa Armillita Chico: Al tercio.
José Antonio Ramírez El Capitán: Oreja.

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Esta tarde de martes 3 de mayo, en la Monumental no sonó el tradicional cielo andaluz en el paseíllo, esta ocasión especial fue sustituido por el paso doble del maestro Fermín y con dichos compases sonando en el ambiente seis matadores de toros en el retiro cruzaron el redondel de la Monumental en plena feria de San Marcos. Todo porque un día como hoy pero de hace 100 años nació en la ciudad de Saltillo, quien fuera una de las grades glorias, de las figuras indiscutibles y verdaderas, de las que mandaban aquí y sobre todo allá, el Maestro Fermín Espinosa Saucedo, el Maestro Armillita.

Y precisamente su hijo mayor, el matador Manolo Espinosa abrió plaza con un novillo de su propia ganadería que apenas empujó en varas y mostró pronto su debilidad, el maestro Manolo dejó en el ruedo algunos retazos de arte que le caracterizan, naturales etiquetados con el sello de la casa. Verticalidad y cadencia aunque fueron pocos los destellos como un desdén de magia que ahí quedó. Lo despidió de varios pinchazos y media para dar una vuelta al ruedo.

Eloy Cavazos regresó a esta plaza y en plena feria, haciendo recordar sus muchas tardes de triunfo. Se enfrentó a un colorado de Montecristo que tuvo las embestidas necesarias para que el de Monterrey pudiera hacer una de esas faenas que calan hondo en la afición por su estilo alegre y bullidor. Por derecha se lo pasó en varias tandas rematadas con el de pecho para levantar los ánimos, por naturales de menor intensidad prosiguió su labor, al final muletazos por alto, la regiomontana y el desplante en la cara. Lo mató de entera caída para que el juez entregara dos orejas.

Fermín Espinosa con un manejable astado de Teófilo Gómez, trazó verónicas tersas para rubricar con media de arte, luego de la vara repitió la dosis pero esta vez el remate fue mágico al desprender de su mano la punta del capote.

Ante las emotivas embestidas, Fermín se lo pasó en muletazos por bajo y el trincherazo de corte fino. Lo cambió de terrenos pero la labor y el burel vinieron a menos. Lo despachó de pinchazo hondo y así llevarse una oreja.

Humberto Moro se enfrentó al mejor astado de la tarde y uno de los mejores de la feria, un novillo de San Isidro que reunía emotividad, francas y repetidas embestidas, transmisión y nobleza. Con este, el torero de Aguascalientes lanceo tersamente a la verónica, luego lo llevó a los caballos con chicuelinas andantes y en la jurisdicción del piquero cumplió. Aprovechó Moro para quitar por navarras y llevarse las palmas.

Por el lado izquierdo comenzó su labor, en un principio le costó trabajo acoplarse a la buena embestida del burel, un tanto descompasados y deslucidos los primeros muletazos. Luego le fue cogiendo el ritmo y ahora si con temple y cadencia lo pasó por el lado derecho. Ya para ese entonces el viento comenzaba a hacer de la suyas, pero Moro en son de agradar siguió presto en su quehacer torero. Algunos detalles más como el desdén mirando hacia el tendido hicieron que la gente coreara el ¡Viva Aguascalientes! Como parte su tradicional melodía de la pelea de gallos que ya sonaba en las alturas.

Mató de medio espadazo delantero y el buen novillo de San Isidro vendió cara su muerte pues hasta esos momentos se notó como peleaba sus últimos suspiros. Dos orejas para Moro y el despiste del juez al no otorgar ningún premio a los restos del burel, pero para la gente de Aguascalientes no pasó desapercibido y le pegaron gran ovación mientras las mulillas arrastraban al proveniente del campo bravo hidrocálido.

Puro Arte se llamó el de Teófilo Gómez que correspondió a Miguel Espinosa y puro arte nos dejó ver Miguel en los pocos pases que el novillo le regaló. A pesar de que el astado fue huidizo desde que saltó a la arena, Miguel por derecha hizo disfrutar uno de los mejores momentos de la tarde al pasárselo por bajo con arte y solera. Cual si su señor padre El Maestro Fermín le dictará consejos al oído.

Luego el burel le levantaba la cara y el viento también quería estropearlo todo, pero el de Aguascalientes aprovechó las pocas embestidas para crear, como los artistas instantes breves pero imborrables.

Pero el desencanto llegó al dejar el torero un horrible bajonazo y varios descabellos, por eso tuvo el maestro Miguel que conformarse con saludar desde el tercio.

El último de la tarde, un muy débil astado de Santa Bárbara correspondió a José Antonio Ramírez El Capitán quien se vio con voluntad al recibirlo con dos largas afaroladas de rodillas junto a tablas, luego lanceó con gusto a pies juntos pero al intentar rematar con media el novillo lo prendió y lo pisó en el suelo, pero afortunadamente quedó en el susto. En varas a penas empujó y ya estaba doblando las extremidades.

Posteriormente para El Capitán fue pelear contra el viento y contra la debilidad del novillo, a pesar de las condiciones dadas lo siguió intentando por ambos lados hasta que por naturales dibujó detalles de tersura, desdenes toreros y desmayados, trincherazos, el cambio de muleta por delante con poesía y finiquitó de pinchazo hondo para llevarse una oreja.

Al final los seis matadores dieron juntos la vuelta al ruedo triunfal y así cerrar una página brillante y emotiva de esta Feria de San Marcos a la que todavía le queda mucha vida e historias que contar.

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