En la primera novillada de temporada en la Plaza Nuevo Progreso se registró un cuarto de entrada con clima nublado.
Se lidiaron novillos de Caparica bien presentados y peleando al caballo. Sobresalió el sexto de la tarde de nombre Titino que recibió arrastre lento.
Tulio Salguero (Azul pavo y oro): silencio y aviso.
Antonio Lomelín (Burdeos y oro): silencio y palmas.
Ricardo Frausto (Grana y oro): vuelta con aviso y dos orejas.
Juez de plaza: Luis Ricardo Gutiérrez, se excedió en la concesión de orejas.
El arranque de la temporada en Guadalajara fue a cargo de la ganadería de Caparica que mandó seis astados bien presentados y que cumplieron con creces en la pelea con los caballos. Solo el lidiado en cuarto lugar fue complicado y en contraparte el sexto fue extraordinario en bravura y clase, mereciendo el honor del arrastre lento.
Por orden de presentación, el español Tulio Salguero, tuvo una actuación más que digna en su primero, con la solvencia técnica que acompaña casi siempre a los hispanos, y con el conocimiento de los terrenos y las distancias. Solo que también la frialdad fue su compañera. En su segundo, sufrió una fea manera con el capote y de ahí en adelante nunca tuvo seguridad en su quehacer, y también hay que señalar que el novillo se le quedaba en las pantorrillas al salir de la suerte.
Debutó también Antonio Lomelín hijo, sin que se pueda rescatar mayor cosa de su comparecencia. Voluntad y entrega fueron sus mayores argumentos, pero le falta rodaje y madurez para aprovechar las embestidas de los toros.
Quien se llevó todo al plato fue Ricardo Frausto; Dispuesto en todo momento y con gran expresión artística sorprendió al público tapatío con un ajustado quite por gaoneras en su primero, un quite de novillero, jugándose el pellejo. Con la muleta tuvo un trasteo de muletazos de temple y clase, pero la espada le jugó una mala pasada y se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo.
Lo grande llegó con su segundo, al cual le ejecutó unas vistosas chicuelinas con el capote, y que posteriormente en el último tercio aprovechó a cabalidad las embestidas de Titino. Ricardo se recreó en el toreo tanto con la diestra como con la zurda en tandas plenas de temple y buen gusto. Una faena que no parecía de un debutante, pero que pronto calentó el ambiente en los tendidos. Una estocada certera provocó la petición de premios que fue concedida con dos orejas, que fueron excesivas.
Foto: archivo.
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