mantuvieron el triunfal tono de lo que desde hace cuartenta años se ha mantenido por la escrupulosa selección de ganado, que esta vez, de no ser por la sobrada ilusión de los cuatro toreros pudo haberle dado al traste por el mal juego que dieron los novillos de Los Angeles Sierra Ortega.
Débiles, rajados y sin casta han sido reprobados por unos mil aficionados congregados en la pintoresca plaza “Silverio Pérez”.
A esa contribución aportaron hasta donde la escasa fuerza y ausente bravura les permitió, Saúl Vázquez y Luis Miguel Cuéllar.
Abrió el hispano Miguel poniéndole sabor al festejo; el lleno lo ameritaba, con Largas de rodillas y sentidos Lances y vistoso quite por Zapopinas. Y ante la continua debilidad un piquetito en varas y sólamente un par de banderillas. Por alto fue el inicio de faena para mantener en pie a “Palomo”, tras tanditas en redondo y matar en tablas de refugio. La entera en lo alto tuvo efecto y se le concedió la oreja.
La decepción de festejo la tuvo en su manos Sául Vázquez al pechar con un inválido burel. Tres Largas de recibo, un quite por sedosos Lances y el cuarteo de Juan Ramón Saldaña tragó “Fabriqueño”. Faena de siete muletazos, pues el de Sierra Ortega se echó a descansar la castita, por lo que tuvo que ser apuntillado en el ruedo sin el empleo de la estocada. Eso no impidió que a Saúl le sonaran las palmas en su intento de agradar.
Se llamó “Capullo” el tercero de la tarde y jamás se abrió a la bravura, al contrario se rajó. Algunos capotazos, el medido cuarteo de Cristian Sánchez y a batallar con el acobardado novillo. Palmas, tras cuatro intentos con el acero.
Ante este decepcionante panorama Juan Pablo Llaguno extrajo sus conocimientos toreros obtenidos tanto en México como España, en cuanto salió “Contador”, por fortuna con alegría, de inicio, y a base de Parones flexionando alternadamente rodillas le impuso el camino para llevarlo largo. Y con mucho tino impidió la pica del toro regresando al patio a “El Tinjo Chico”.
Esta decisión valió sonora ovación para el debutante. De inmediato improvisó quite por Chicuelinas y otro más por Tafayeras. A estas alturas la gente ya estaba con Juan Pablo ante la acertada decisión para dirigir la lidia del cierraplaza. Marró Sergio González y Saldaña, en continuidad, puso el par de banderillas para hacerle sangre al torillo.
La Faena tuvo sabor torero ante la serenidad de Juan Pablo, pues con natural desenvoltura logró las dos primeras ejecuciones. Ya en cuanto cayó el de Los Angeles se fue apuntando el decaimiento de motor, pese a ello el esfurzo por agradar tuvo improvización en la Fedayina, un Molinete hacia los adentros y el estatuario cierre, cuando ya se coreaba el grito “Torero, torero”.
Pinchazo en lo alto y la media fulminante desencadenaron en la concesión de oreja.
Ese primer viaje con la espada marcó la diferencia en el premio otorgado por Alexa Espinosa al triunfador de la tarde en favor de Miguel de Pablo.
Lo sobresaliente del rápido festejo, por el escaso gas de los de Sierra Ortega, es que mientras premiaban a Miguel, la afición se volcaba en Llaguno, sobre todo las jóvenes damitas.
Ah como se extrañaron los críos de Julian Hamdan, habituales en cada 26 de diciembre.
Por hoy, miércoles, faltó la pasión; la emoción la aportaron los toreros ante el nulo juego del ganado.
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