Cuando a todas luces al mejor encierro, más bravo, más encastado y mejor presentado de toda la feria fue el enviado por la ganadería de La Carolina el día 1 de enero. Algo parecido le sucedió hace unos años al torero caleño Diego González al que le birlaron un trofeo Señor de los Cristales cuando a última hora cambiaron las reglas para otorgar el trofeo.
Todo se supo una hora antes de la entrega de los trofeos cuando iniciaron los rumores del cambiazo en el premio al mejor encierro pero nadie lo podía creer, es que por merecimientos antes de la ganadería de González estaba hasta la de Juan Bernardo y también a gran distancia de La Carolina. Pero todo se corroboró cuando los jurados salieron a dar explicaciones ante la incredulidad de lo que estaba sucediendo.
Luego intentaron tapar tal insensatez con otras más preocupantes que hacen quedar a los señores del jurado como unos peleles de los intereses de la empresa, alegando que porque una ganadería tenía un solo encaste entonces era más merecedora que la otra que tenía tres, habrase visto semejante boludez. Luego vino un discurso que no venía a lugar del ganadero que al final obtuvo el premio en la que se retrata el tipo de fiesta que quieren y por eso les va como les va.
Si la empresa quiere entregar sus trofeos a uno de los suyos pues que lo informen desde antes y ya está, que los otros lo sepan y punto, pero no hay derecho a esta tomadura de pelo.
Siempre en Cali ocurren fenómenos extraños no más pasar el riachuelo, esos entresijos que han llevado a la plaza a la situación en la que está siguen sucediendo un año tras otro, esta vez para birlarle con la mayor desfachatez del mundo el premio de mejor ganadería al justísimo ganador que era La Carolina para entregarlo a uno de los suyos, quien sabe con que intereses. ¿Será para no tener que volver a traer a La Carolina que lleva dos años dándoles sopa y seco a los ganaderos de la región del Valle? ¿Será porque el ganadero es paisa? ¿Serán temas políticos?. No tengo idea, pero lo han hecho ante la perplejidad de todo el mundo. Y luego dicen que este tipo de cosas no ocurren al interior de todo ese maremagnum que convive en la empresa de Cali.
Ahora, si pasamos a analizar lo que luego esgrimieron como justificación del premio en el discursillo previo pues entonces el premio es equivalente a gritarle a todo el mundo que se prefiere la fiesta tonta, la fiesta gobernada por las supuestas figuras del toreo, la fiesta con toros noblotes y tontos que dejan estar a los toreros a placer, con nobleza de dulce pero sin bravura.
Ese tipo de bravura supuestamente premiada es la que corroe lentamente los cimientos del toreo, si ya no es que los ha derruido irremediablemente, ese tipo de nobleza es la que ha sacado de los tendidos, no solo de Cali sino de todas las plazas, a miles de personas que ya no se emocionan en un ruedo, ese tipo de supuesta bravura es la que tiene a este espectáculo al borde del colapso. Pero alguien lo dijo, los enemigos están más adentro de lo que creemos.
En el apartado del premio al toro más bravo también hubo polémica, aunque aquí la distancia entre el premiado y el que no recibió el premio era más corta, no era el abismo que hubo entre la casta de los toros La Carolina y la nobleza dulzona y de poca trasmisión de los toros de González Caicedo. Pero también ha habido un tufillo a retaliación por la también indecorosa actitud del ganadero Cesar Rincón de querer colarle a la empresa un toro que ya había sido rechazado por tener un defecto en uno de sus testículos. Eso sentó muy mal y el castigo parece haber sido no premiar a “Balsero” de Las Ventas y premiar a “Sabio” de Juan Bernardo, al menos no ha habido tanta injusticia pero el trasfondo de la decisión deja entrever las consecuencias del apartado del dia 30 de diciembre.
Haber, ambos toros fueron buenos, “Sabio” tuvo más emoción en sus embestidas pero se apago más pronto y fue menos claro en el caballo que “Balsero”, que al principio no tragó en la vara pero luego se entregó en un solitario puyazo, su embestida rebrincada y poco humillada fue dando paso a otra más franca y cuando se quiso rajar “El Juli” lo impidió pues ya Rincón había dado su aprobación con la mirada al torero de que el toro le valía.
Que pena tener que escribir de esto cuando había sido una feria en proceso de recuperación y en la que no había habido los típicos entuertos que siempre se cuecen en Cali, pero como dice el dicho, si no es la entrada es a la salida.
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