Othón Ortega Salinas Peque transportista, picador y medico veterinario se encargó de trasladarlo de la ganadería en San Luis a La Escondida en Apizaco para que se aclimatara, bravo por naturaleza peleó con sus hermanos y recibió dos cornadas por lo que “Peque” en su carácter de veterinario se encargó de curarlo y vigilarlo el tiempo necesario para que se recuperara por completo, el Toro llegó a Terrenate y le tocó en suerte a José Luis Angelino, siendo picado por el mismo Othón Salinas, su comportamiento le valió el premio del indulto y al regresar a La Escondida es el mismo “Peque” quien se encarga de su cura y recuperación, también será su trabajo regresarlo a la ganadería pocas personas pueden presumir de haber tenido un vinculo tan especial con un toro bravo.
Esta relación también es evidente cuando un diestro visita en los corrales al Toro que le ayudó a escribir una tarde gloriosa, lo que sucede casi siempre y en esta ocasión José Luis Angelino siguió con interés las labores de curación y no resistió acercarse a “Tomatero” y palmear el morrillo de tan bravo y noble ejemplar; esta es la verdadera razón de la fiesta y no se trata del aspecto cruento, se trata de la fascinación por un bravo animal que reinara en su potrero dando vida a una nueva generación de magníficos ejemplares que son admirados por esta sin igual condición de bravura.
[pagewrap=compartir.htm]