A su sentir, encontró el acoplamiento, fuerza en el alma y nobleza en los toros que en general engrandecieron el espectáculo, los de Don Fernando de la Mora, tres de ellos de arrastre lento, como sus embestidas; sólamente sabían tomar vereda en redondo.
Y en ese angosto camino, Julián López “El Juli”, aun sin coronar con la espada, se mantuvo en figurón del toreo. En tanto, Octavio García “El Payo”, descifró el temple propio que trajeron sus tres ejemplares hasta que regaló un octavo, a poco supo la primera oreja, y las dos más del cierre, entregadas por un cuarto de plaza. El rejoneador Emiliano Gamero, por cuenta propia saludo en el tercio.
Parar y torear desde el capote, impuso Joselito desde el recibo a “Nieves”, tercero de lidia ordinaria, que tumbó al picador José Isabel Prado. La faena, pegado a tablas, se significó por la quietud y el magnífico gusto en los remates por bajo, los Desdenes.
Ese hilo de tableros también lo entendió Juan Ramón Saldaña al sesgar el tercer par. En un Derechazo en redondo tomó rumbo el palpitar torero. Y fue a más y más intercalando lados, mientras quedaban en círculo el arar del emotivo toro. Y de pronto, le aguantó el embroque al sepultar la fulminante estocada y le entregaran las dos primeras orejas.
Apuntaba hacia algo bueno con el sexto, pero bastó una circunstancial caida de Francisco Acosta en la cara de “Trianero” al cuartear en banderillas para encender de nuevo el vuelco. Ahora, sentado en el estribo, Adame cuajó cuatro muletazos por alto y al rematar hacia abajo el Firmazo, se le entregaron los más de 26 mil espectadores.
Tandas acordes con la fuerza del toro, cortas, pero magistrales; encunándose en ocasiones para provocar celo y tan llenas de quietud al imponer mando en la embestida, por el lado bueno, el derecho. La descarga emocional de público y matador se dio al asestar un espadazo en todo lo alto tumbando sin puntilla.
De nueva cuenta, dos orejas, entregadas bajo el clamor consagratorio de “Torero, torero”; Joselito Adame entrega el pecho, de donde sale su inspiración.
Un Parón, de maestro, sujetó “El Juli” la embestida de “Piropo”, segundo en el orden. A partir de ahí embelecieron sus Cambios al pasarse la muleta de una mano a otra; sufrió un trompicón al finalizar la faena y, sin desprenderse de la emoción, un pinchazo y estocada contraria, alcanzaron para saludar desde el tercio.
Sabor del bueno dejó “Juli” en la estela, al poner a punta de capote en suerte a “Paso Fino”, quinto de la tarde, ante la sincronía de Curro Campos en el caballo, una especie del Dos en Uno de asombro. Y pese al viento y embestidas cara arriba, le condujo a la altura necesaria para torearlo en redondo.
Faena de ensueño en los trazos circulares, lentos, templados y rítmicos, de todo un señor torero, como aquel Cambio de mano, unido a la Dosantina y rematado con Cambio; parecería inverósimil, pero sólamente Julián López de España es capaz de hacerlo. Pinchazo hondo y tres descabellos no opacaron las palmas.
“El Payo” tuvo desde su primer turno el colosal panorama, al encontrar en premio a “Fina Estampa”, tras brindis a Jorge Gutiérrez. El toro se regustaba viéndose en el espejo de la muleta que se obliga a que la condujeran en redondo. Pero ese torazo se tragó media faena al cambiar Octavio el curso.
A palos le cayeron al quedar al descubierto su incapacidad para mantener el tenor de la inicial emoción. “Toro, toro”. Fue gracias al acertar con la espada como apagó medianamente el fuego, llevándose una desabrida oreja. Algo similar mostró con el séptimo, ahora en toreo eléctrico. Par de pinchazos y una entera entre palmitas.
Regaló un octavo, de enorme trasmisión, aun ante escaso público. Faena templada que dió “Fuego Viejo” en sus embestidas. Dosantinas, Molinete invertido y Capetillinas le sacaron del hoyo. Al final, tres Joselillinas y entera en lo alto para recibir dos orejas. Salida al tercio del ganadero, tras arrastre lento a su toro.
Emiliano Gamero impactó en su doma, pero al clavar fierros al D’ Guadiana tardó hasta en cuatro intentos para depositar el rejón, a veces por rajarse él mismo y en otras, sus cabalgaduras. Un horrendo meti-baja, antes le llamaban metisaca, desplomó al buen toro; emplazado de salida, pero bueno para torearle.
La salida a hombros tuvo tinte mexicano, como el bello terno de Joselito Adame, corazón de uva; el de “El Payo”, seco olor a tabaco. El entradón tuvo paladar taurino del bueno, ese que sólamente se vive en la plaza México.

[youtube=425,350]http://www.youtube.com/watch?v=p2hrj0IeIZU[/youtube]

[pagewrap=compartir.htm]