Al capitalino Federico Pizarro le tocó en suerte el mejor burel del encierro, lo toreó largo y templado, una faena derechista que arrancó las primeras palmas y “olés” del tendido; Lamentablemente con la espada ofició un “meti-saca” y después una entera, que no fue suficiente para conseguir trofeos. Con su segundo enemigo estuvo muy voluntarioso, pero el burel no colaboró para triunfar, por lo que se retiró con una merecida salida al tercio para saludar.
El Juli se puso un arrinmón en su primero, un toro parado, que se rajaba en las embestidas, pero el torero siempre arriba de las condiciones, impuso su gran ley oficiando con un espadazo, recibiendo merecidamente una oreja. En su segundo turno, toreó muy despacio por ambos pitons ante un astado de juego por demás irregular, pero su muleta poderosa hace magia, ofició con un pinchazo hondo y al primer golpe de descabello, el toro rodó espectacularmente, para conseguir el gran triunfo y cosechar una oreja más que le abrió la puerta grande.
Diego Silveti estuvo por demás torero en su primero, demostrando un valor y un sentimiento ante un toro que no quería nada, y a base de entenderlo y sobarlo, lo metió en su muleta yendo mejor por pitón izquierdo, dejó una gran estocada para alzarse con una merecida oreja. Con el cierra-plaza estuvo por arriba de lo que ofrecía su enemigo, poniéndole el extra, sabedor que es un consentido de ésta plaza, lamentablemente tuvo repetidas fallas con el acero que lo limitaron para conseguir más premios, dejando constancia de su calidad.
Los toros de la ganadería de Marrón fueron débiles y de juego desigual, pero cumplieron en varas, tanto, que dieron dos tumbos a los picadores.
Enhorabuena para la empresa que logró conformar un cartel de calidad y con toros de ganadería prestigiada; tanto la gente que llenó los tendidos, así como la autoridad, estuvieron a la altura de una plaza de primera categoría donde no se regala nada.
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