Porque además de ser necesario, lleva implícita la reflexión, con el fin y, eso es una aspiración, de no permitir que esto vuelva a ocurrir y manche nuevamente a nuestra Fiesta, la que ahora mismo requiere de la luz que le conduzca a la grandeza.

Minutos antes de ser realizado el sorteo de los novillos de Tenexac, se suscitó una confrontación entre el ganadero don Sabino Yano Bretón y los subalternos, ya que estos despuntaron, sin autorización, los utreros que estaban en los cajones antes del desembarque, a sabiendas de que el ganadero había dado la orden de que no fueran tocados sus novillos.

Ante este inadmisible suceso, el juez de plaza, también les pidió que se bajaran de los cajones y no acerraran las puntas de los novillos, pero dicha orden evidentemente no fue acatada.

Acto seguido, el juez ante este hecho, decidió desistir de presidir el festejo, no sabemos si llevó a la Presidencia Municipal el reporte de lo acontecido, y lo que si hubo fue un señor que se colocó en el biombo; tampoco se informó si fue con el conocimiento y autorización del Presidente Municipal o del Cabildo.

Se tienen que hacer respetar todas las instancias y reglamentos que regulan a nuestra Fiesta, respetar a las tradiciones, y por supuesto, respetarse a uno mismo, eso es lo fundamental, porque quien no se respeta a sí mismo, puede hacer lo que ocurrió inadmisiblemente en Apizaco.

Ya que, por otra parte, por unos pocos oficiosos, nuestra Fiesta cae en el descrédito, porque seguro estoy que ni los novilleros, ni el empresario, ni el ganadero -como lo hizo saber a todos-, deseaban que se perpetrara este acto fuera de la legalidad y de la tradición.

Considero que tanto ganaderos, autoridades, empresarios, toreros y sobre todo, el público, que es el que con su asistencia da razón de ser a los festejos, merecen el máximo respeto y la oportunidad de tener y gozar de un espectáculo pleno de grandeza.

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