El matador vistió a la usanza portuguesa. Recibió al burel con verónicas muy vistosas, para luego quitar con tres navarras y una revolera. Brindó a los pocos amigos invitados, e inició con doblones rodilla en tierra, el toro no rompió por el lado izquierdo y por el derecho fue más largo, aunque a veces regateó las embestidas. Se fue a menos y por momentos tuvo malas ideas, prendiéndolo en una ocasión, aunque sin sucesos graves. Se fue tras el acero para hundir tres cuartos de estoque, suficientes para doblar, aunque el puntillero lo levantó y de ahí se fue con un descabello certero.
Al llevarse los restos mortales del astado, el Ciclón Lagunero saludó desde el tercio. La lidia de este toro fue de preparación para futuros compromisos.
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