Cuando ya habían surgido los destellos de El Pana, Federico Pizarro, Juan José Padilla, Jerónimo y la cumbre faena de Sergio Flores que no encontró la muerte, surgió el sentimiento torero de una chavalito, tan corto de estatura como su edad, para erigirse triunfador del festival benéfico a Juan Luis Silis, realizado bajo un lleno de entusiasmo en la plaza Arroyo.

Ese niño torero que cautivó a Morante de la Puebla y Sebastián Castella en la fecha pachuqueña que decretaba matador de toros a Octavio García El Payo, ya convertido en un adolescente, cerró plaza de manera triunfal, por su capacidad de entendimiento, desenvoltura en el ruedo y sobretodo la expresión corporal torera que distingue a uno entre muchos.

Pedro Vaca, ganadero de La Punta, puso por nombre a su ejemplar corrido en sexto lugar, Volver a Nacer, en motivación directa a Silis, tras el percance que lo tuvo al borde del fin, sin embargo, aunque tendía a terciarse, Michelito se mantuvo firme en el viaje para torearle por derecha y en cuanto se pasó la muleta de mano.
Tres Naturales, un Molinete y el remate con el pase de Pecho hirvieron el momento culminante de la faena, ahora que en su caminar torero fue dejando una estela de sabor estético como expresión que nace en la arena y se prolonga al cercano tendido como un haz de luz, encendida en admiración.
La estocada contraria requirió de un par de golpes con el descabello, desbordando en la única oreja, mostrada en vuelta al ruedo con Silis y su vástago, como todo un final felíz de fiesta.

La elegancia de Sergio Flores, aunda a la serenidad en cabeza clara, se proyectó en grande con Matador de El Vergel, el toro de la noche que se empleaba de largo ante el torero mando desde sus tres Verónicas y el balanceado quite por Chicuelinas, firmado con una Revolera que ha dejado un círculo al viento.
De un toque casi imperceptible condujo la noble obediencia en la dimención Natural, sin embargo la unidad conseguida en tres Derechazos unidos a un Molinete hacia los adentros puso el punto de partida para rematar con sincrónicas Manoletinas, pero el pinchazo hondo requirió de tres golpes de descabello para quedarse con la filigrana, en una vuelta al ruedo.

Rodolfo Rodríguez sigue siendo el torero fiel a sus conceptos que dejan huella en el personal sello. Con el de Torreón de Cañas hizo sonar el cascabel impregnado a los vuelos del ondeante capote en Serpentinas de recibo y remate, llámense Rodolfinas o Veletas.
Le regaló el quite a su alumno El Suavecito aprovechado en Chicuelinas para volver a su inconfundible expresión añeja amalgavando detalles en sus Ayudados por alto, Afarolados y Sanjuaneras procunistas ante un ejemplar que aguantó cuatro derechazos antes de rajarse. Vuelta al ruedo.

Pizarro atravieza por un momento importante de recuperación en gusto y temple. Ese quite por Caleserinas que intercalan inicio y remate sobre script de Don Alfonso Ramírez lo manifiestan. Diego Martínez ha regalado un par de banderillas en todo lo alto, ritmo que mantuvo Federico antes de brindar a Silis.
Ese cuarto Derechazo ha sido un dechado de arte al brocho de Rancho Seco y ni qué decir al girar de rodillas en El Molinete. Pinchazo y estocada caída no mancharon el sabor dejado en capote y muleta para recorrer el anilo al son del mariachi.

Lánguidos Lances al recibo han impreso la tarjeta de presentación del español Padila que en un par al Violín cautivó a los ochocientos espectadores, expectación elevada al destroncar con la muleta al de De Haro con parsimonia caminándole de frente y sin el tradicional recurso del alternado doblón.
El astado no dio para más y de pinchazo y entera dio la vuelta al ruedo mostrando una metálica efigie de La Guadalupana otorgada por un admirador, que le dio una emotiva carga de fe y sentimiento al festejo que tiene una similar naturalidad al dolor con Juan Luis Silis.

Charro de campo, como bajado del caballo en tlaxcaltecas tierras sembradas por sangre González del inconfundible color heno, Jerónimo dejó escencia del mexicano toreo no obstante sordo peligro del de La Soledad. Un par de Derechazos impuestos por gallardía dejan floritura, al culminar de pinchazos y perpendicular, agradecidos en el tercio.

Sentimento humano entre empresa, ganaderos, matadores y subalternos se prolongó en amigable convivencia, aderezada en gastronomía y elíxires purificadores, ofrecidos por El Taquito, La Verónica y El Huequito en el tradicional clima atemperado de los Arroyo. Por Silis hoy y Siempre.

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