Han bastado tres ejemplares para hacerse sentir la nobleza, el trapío y la calidad en su respectiva bravura del abreplaza, tercero y cierraplaza, en ese orden; claro que también los hubo el que se dejaba, como también el que desarrolló sentido y el duro, dando como resultado:
Cristian Hernández, división de opiniones; David Aguilar, dos avisos; Carlos Rodríguez, pitos tras un aviso; Efrén Rosales, silencio; el colombiano David Martínez, ovación y Rodrigo Ochoa, ovación tras un aviso.
Ah que 2 de septiembre de 1990 cuando Gilio debutó en la México cortando oreja a cada novillo de Curro Rivera; después como matador de toros corta el rabo a “Genovés” de Santiago al tomar la alternativa en el mismo coso un 5 de febrero de 1992, y este 11 de agosto de 2013 lo hace como criador de reses bravas con afortunado debut, veamos.
“Muñeco” se llamó su carta de presentación; todo un dechado de nobleza, con el que se dio gusto a placer Cristian Hernández toreándole sutilmente de capa. Carlos Ibarra se lo dejó de dulce tras la pica. Y aunque embistió paso a pasito, se conjuntó con la serenidad torera del novillero calando fuerte en la faena de muleta.
Así de uno en uno, tanto por derecha como por lado contrario se sucedieron las tandas, al humillar a ras de arena el cárdeno claro. Lamentablemente todo lo bello con las telas se manchó al tomar el acero y entre pinchazos y descabellos dividió las opiniones.
El trapío de “Lagunero” sorprendió a los mil quinientos espectadores que, de inmediato atronaron los aplausos de admiración al salir a la arena por su conjunto armónico de carnes y cabeza, todo un tío de bella lámina que se fue inédito de capa y, al tomar la muleta, Carlos Rodríguez se fue perdiendo paulatinamente.
Ese tercero de la tarde jamás se aburrió de embestir al trasmitir su bravura por ambos lados. Los gritos de “toro toro” no se hicieron esperar, y aunado a la entera y cuatro descabellos se escucharon los pitos tras un aviso, mientras se ovacionó en el arrastre al Gileño cuando apareció la lluvia.
La tercera llamada de las aclamadas obras vino con el cierraplaza. “Don Arturo“, en honor al papá del ganadero; salió directo hacia al burladero de la porra asestándole un derrote al subalterno Rubén Avila, quien aun refugiado tras la madera, sentía el fuego de los belfos.
El panorama pintaba mal, pero Rodrigo Ochoa salió decidido a jugársela en plena pista de lodo por la pertináz lluvia y de una Media Verónica dejó en claro que los bellos remates van con él. Más tarde resbaló Diego Martínez sintiendo de cerca la cornamenta de este corrido sexto en el orden.
Ello no minó la casta de Rodrigo al solicitar el cambio de tercio sin probar al novillo y, en una “Rebolera” ondeante aumentó su confianza, pero al tomar banderillas Fernando García trastabilló quedando enganchado de la casaquilla en la cornamenta del astado.
El drama pedía desquite y, el subalterno se despojó de casaca y chaleco para cobrarla, pero todo quedó en dejar una banderilla por las condiciones adversas. Fue entonces como en pleno lodasal, Ochoa , porfiando logró un Derechazo de pintura y no más, pues, siempre a merced del peligro, se llevó un puntazo en el glúteo, pero sin renunciar a jugarse la piel. Una media perpendicular baja le llevó a escuchar un aviso ante el efecto tardío, entre la nutrida ovación.
David Aguilar hizo el quite de la tarde en Gaoneras ajustadas al segundo ejemplar; lo demás no caló, ni con banderillas y muleta ante el buen juego que ofreció “Debutante”. Fue empalado antes de tardarse en matar, escuchando dos avisos.
Efrén Rosales sufrió una paliza ante el desarrollo de sentido, ofrecido por “Don Jaime”. Arrollado y más tarde empalado, terminó con el terno hecho girones. Pinchazo y bajonazo silenciaron el ambiente.
Y el colombiano David Martínez, serenamente resolvió al mirón “Junior” que arreaba en cada embestida. Sus mejores momentos los consiguió con las banderillas en un variado tercio, al Relance, Violín y Cuarteo. Y del pase de tanteo pasó a la lidia cerebral hasta dejar una entera en buen sitio que rubricó en la ovación.
Novillero, matador de toros y ahora ganadero, Arturo Gilio sigue trascendiendo en lo que jamás dejará, la fiesta. Ese cascabelito novilleril sigue llamándose Arturo Gilio.
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