Se lidiaron dos astados de Fernando de la Mora para rejones, de justa presencia pero que se prestaron para el lucimiento, y cuatro de San Pablo que fueron descastados y peligrosos.
El lienzo charro registró tres cuartos de entrada.
César Castañeda: Palmas y oreja.
Pablo Hermoso de Mendoza: Dos orejas y dos orejas.
Víctor Mora: Palmas en su lote.
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Una noche en la que el calor del público contrarrestó el viento gélido de la ciudad de Toluca, un festejo que dejó muy buen sabor de boca y dos jóvenes toreros levantaron la mano clamando más oportunidades por parte de las empresas.
Hablar de Pablo Hermoso de Mendoza es sinónimo de triunfo, en esta ocasión cortó cuatro orejas gracias a su desempeño y a un juez de plaza bastante benevolente. Hermoso estuvo acertado tanto en los rejones de castigo como en banderillas, momentos muy emotivos al torear de costado, al realizar las piruetas y los quiebros, los rejones de muerte no tuvieron muy buena colocación, pero esto no fue impedimento para que un público eufórico pidiera los trofeos.
Pero creo que lo más importante de la noche fue ver a dos jóvenes toreros con ganas, hambre y con un valor desmedido.
César Castañeda, originario de Tijuana y con pocas corridas en su carrera, se topó con un lote complicado y con peligro, teniendo que poner los muslos como carnada para arrancarles los pases, esto conectó en el tendido siendo reconocido. En el primero no acertó con la espada perdiendo los trofeos, afortunadamente esto cambió con el cuarto de la noche al que le cortó un apéndice.
Víctor Mora entendió a la perfección a sus astados, que al igual que sus hermanos mostraron la falta de casta y el peligro, el hidrocálido se puso a la distancia logrando encelar a sus enemigos que vendían caras las pocas embestidas, aunque las faenas fueron machaconas también tuvieron momentos de temple y clase, ambas fueron malogradas con la espada teniéndo que conformarse con las palmas del cónclave.
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