La tarde comenzó con un clíma cálido y finalizó con rafagas de viento. La plaza Silverio Pérez registró abajo de un cuarto de entrada.
Se lidiaron astados de la ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras, que fueron desiguales en presencia y juego, el sexto de la tarde recibió los honores del arrastre lento.
Alberto Valente: Palmas tras dos avisos.
Salvador Barberán: Salida al tercio tras aviso.
Antonio Galindo: Al tercio.
Mirafuentes de Anda: Al tercio.
Óscar Amador: Oreja.
Lorenzo Sánchez: Leves palmas.
Detalles:
Destacaron con las banderillas los subalternos Jorge Luna, Diego Martínez y con la vara César Morales.
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No es que Óscar Amador haya tenido una actuación fenomenal con el novillo que le tocó en suerte en esta primera novillada texcocana, pero si hubo una notable diferencia con respecto a sus compañeros de cartel. Amador estuvo entusiasta desde el quite ejecutado por saltilleras hasta los agradables pases con la diestra que dieron color a su labor y aunque sus avances en el arte de Cúchares son prematuros, carismáticamente convenció a los feriantes que le coronaron con una oreja.
Quienes no pudieron quedarse quietos ante los Piedras Negras, fueron Salvador Barberán y Mirafuentes de Anda, el primero con técnica, el segundo con arte, sin embargo coincidieron que ambos no entendieron a sus enemigos y por ello el premio a su actuación fue una salida al tercio, amen y hay que decirlo, que el español deshonestamente y por mal consejo de sus “guías” intentó darse la vuelta, pero los aficionados lo regresaron.
En Arroyo a Antonio Galindo le habíamos visto posibilidades, pero hoy dejó más pena que gloria, y así como su terno descolorido, fue el trasteo del principiante.
Sinceramente ignorábamos sobre la trayectoria del primer espada de esta tarde de nombre Alberto Valente, que sino es por el Valente que todos conocemos, ya se me hubiera olvidado su nombre, como también espero se me olvide el petardo que pegó este muchacho, que anduvo navegando en la nada y a quien también culpo de habernos hecho perder más de media hora de nuestro fabuloso domingo, tiempo que duró su aburrida faena.
Otro que toreo y toreo… sin decir más fue el ibérico Lorenzo Sánchez, su apoderado mexicano le ha conseguido varias corridas en este país y esto le ha ayudado al novillero a encontrar el temple, pero la simpleza en el trazo da pie a que uno se entretenga en otra cosa y más cuando después de una larga corrida lo único que queremos es regresarnos a nuestros hogares… lo mismo debería hacer el joven torero.
Aunque tres novillos funcionaron del encierro, por encastados que fueron, faltó la bravura que siempre ha caracterizado a la ganadería tlaxcalteca, la mayoría con presencia, pero el primero pecó de chico y el último se veía ridículo con esos cuernitos que ni para rejones era digno.
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