Ante una entrada que apenas y rebasa el tercio del aforo, se han lidiado siete ejemplares de diversas ganaderías que han sido cumplidores; el señor Cejas tras haber permitido severísimo castigo a su primero, al no poder hacer nada, regaló uno más, se pretendió indultar, pero tuvo varios pecadillos, sólo recibió un rasguño en el caballo, y doblaba contrario.

El rejoneador Gastón Santos: Saludó en el tercio.
Manolo Espinosa: Oreja.
Eloy Cavazos: Dos orejas.
Fermín Espinosa: Dos orejas con petición de rabo.
Miguel Espinosa: Oreja.
Arturo Macías El Cejas: Silencio y dos orejas y rabo en el de regalo.

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Cuando el arte aparece, todo lo demás queda fuera de contexto, y eso justamente apareció en la expresión sentida, intensa, rítima de Fermín Espinosa Menéndez, quien como saludo regaló unos lances a la verónica, que por su portento, belleza, poderío y sentimiento, han sido como el reflejo de El Claro de Luna de Debussy, irremediablemente bellas. La faena escrita en el mismo tono de su primer movimiento, cristalina en la creación, intensa por la arquitectura, y trascendente por el contenido, subyugó al selecto paladar de los aficionados, en trazos a media altura con ambas manos, para tras la rúbrica el respetable exigir los máximos apéndices, pero como seguramente no fue espectacular ni dio atole con el dedo… sólo le concedió dos orejas, aunque para el gran público haya paseado de forma simbólica el rabo.

Los otros dos hemanos Espinosa, han estado a la altura. Manolo, de pronto y con 72 años a cuestas de hinojos y con una larga cambiada impactó a la asistencia, para prodigarse con buenos lances. Ya con la tela roja, una faena de reposo, de episodios brillantes, y tras un pinchazo y una entera, el respetable dicidió que paseará, ante su reconocimiento y admiración una oreja; como otra oreja ha cortado Miguel, lucidor con un novillo complicado, al que le extrajo series que dejaron buen sabor de boca.

Quien salió como un jabato, fue Eloy Cavazos. Sí, tal como se escucha, no dejándose ganar la pelea, con el novillo más hecho, estuvo poderoso, realizando la faena idónea que tenía el novillo, la gente enloquecida y entregada al torero de Monterrey, tras finiquitar su comparecencia, exigió las dos orejas que ha mostrado por su paso ante las galerías con suma satisfacción.

El señor Cejas… bueno, a su primero le realizó extraños lances a la verónica, sin asentar las zapatilas, el toreo por piernas que le llaman, y con los brazos más rígidos que un poste, de esta forma careció de plasticidad, así como de sentido del toreo. Hubo un exceso de castigo a su ejemplar, y tras esto ya no quiso embestir. De tal forma, que hizo uso de abuso que ya se ha convertido el torito de regalo, por lo que cierto sector decidió abandonar el coso. En medio de rodillazos, toreo a las graderías, la consabida música “pelea de gallos”, pues manejó la sensiblería de la gente como quiso. El astado de salida tuvo un fuerte encontronazo con un burladero, luego anduvo trastabilleando, se le esperó a que se repusiera, y entonces salieron los piqueros, y apenas un rasguño le dieron. La faena fue desacompasada, con gran espacio entre torero y novillo, el que por cierto, dobló contrario varias ocasiones. Al final, ya quería hasta indultar al novillo, pero la serenidad del juez, le obligó a entrar a matar, dejando un espadazo trasero y casi bajo. Se le acabaron dando las dos orejas y el rabo.

Abrió plaza un derroche de voluntad y entrega… el rejoneador Gastón Santos, pero tuvo en su contra la pertinaz lluvia, y la gente ha estado fría, y él desacertado con el rejón de muerte, por lo que todo quedó en una sentida salida al tercio en donde escuchó palmas de reconocimiento.

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