Con una entrada aproximada de 15 mil personas, se lidiaron seis toros de Los Encinos y un sobrero del mismo hierro, bien presentados, destacando el primero y segundo que se llevaron palmas en el arrastre y el sexto que recibió los honores de vuelta al ruedo, por su buen juego, casta y nobleza.

Guillermo Capetillo: Saludó desde el tercio tras aviso y pitos tras aviso
Alejandro Talvante: Saludó desde el tercio tras aviso, palmas y palmas
Diego Silveti: Palmas tras aviso y dos orejas y rabo

Incidencias:
El matador de toros Diego Silveti se llevó los máximos trofeos, dos orejas y rabo del toro Charro Cantor No. 72 con 515 kilos de la dehesa de Los Encinos, siendo este, el rabo numero 126 en La Plaza México.
Al inicio de la corrida se brindó un minuto de aplausos en memoria al matador de toros y fotógrafo Armando Rosales El saltillense.

Clasismo, variedad y sentimiento fue lo que dejaron los coletas en el albero de La México.

El hijo del Rey David, Diego Silveti, paralizó La Monumental Plaza México cuando se enfrentó a Charro Cantor, siendo este el segundo de su lote, Diego, derrochó todo el arte que trae en la venas toreando con gran sentimiento y lagrimas en el rostro, sacándole pases largos, templados y de excelencia absoluta.

Con la toledana, tal pareciera que su máxima apoderada al igual que la de su padre, La Morenita del Tepeyac, hizo que tuviera un cause de ultimo momento que le permitió meterle hasta los nudillos, llevándose así una fuerte ovación por el respetable y los máximos trofeos que un torero alcanza en una tarde, dos oreja y rabo.

El badajeño Alejandro Talvante realizó un toreo de gran variedad con el primero de su lote, si bien, no fue una faena de pases ligados, si fue una faena de gran ingenio y versatilidad ante la cara del astado, destacando por mucho tres arrucinas seguidas dando siempre un paso al frete que hicieron vibrar al respetable y sus ya conocidos y reconocidos por su gran valor cambiados por la espalda.

Con el segundo y el sobrero, tuvo pocos pases pero de gran perfección, ya que los toros carecieron de buenas embestidas.

Vimos al Guillermo Capetillo de hace 20 años, mostrándonos ese toreo clásico, dejando grandes detalles de buena técnica y estructura ante su primer enemigo de patas negras de buena calidad, desafortunadamente dejó pasar un trofeo por estar desatinado con el acero, terminando en una salida al tercio con fuerza. Ante el segundo de su lote no le pudo hacer nada, ya que no tuvo materia prima.

Fue así como se vivio esta gran tarde.

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