Ante una buena entrada en sombra pero escasa en el tendido cálido, partieron plaza el hidrocálido Ricardo Frausto, Antonio Lomelín y el portugués Joaquim Ribeiro Cuqui.

Se corrieron novillos toros de la ganadería Real de Saltillo que en términos generales estuvieron muy bien presentados y se prestaron para la lidia, aunque sobresalió el primero de la tarde de nombre Limeño con 380 kg en los lomos, quien dio buen son y sin malas ideas, siendo aprovechado cabalmente por el primer espada quien estuvo muy bien plantado con la capa, y sobre todo toreando con sabor y con clase, además de mantener siempre la figura erguida. En el último tercio pudo hilar una faena que comenzó con dos buenas tandas de naturales, dibujándolos tersos y hondos. Con la diestra dio por igual buenos pases, mismos que conectaron con el respetable. Mató en el primer viaje y tuvo petición de oreja que el juez no concedió. El público con aplausos premió al novillero con una merecida vuelta al ruedo.

Ante su segundo enemigo, de nombre Pitonero con 415 kg. repitió la calidad y clase en su toreo, destacó un ceñidísimo quite por gaoneras. Con la muleta inició con un péndulo forzadísimo que repitió en dos ocasiones, no sin llevarse un buen achuchón al intentar rematar con lo que parecía un imposible. Toreó por naturales y por derecha en tandas ligadas. Terminó su faena con bernardinas, desafortunadamente no tuvo suerte con el acero y una estupenda faena terminó en silencio.

Antonio Lomelín no tuvo enemigo a modo con su primer ejemplar de nombre Caleño con 387 Kg. Aun así, estuvo por encima de las condiciones ofrecidas por el novillo. En el segundo de su lote, Rumboso de 377 kg. toreó con detalles de artista. En ambos casos escuchó palmas.

Joaquim Ribeiro cargó con el lote menos afortunado. A Agaveño con 425 kg, intentó recibirlo de hinojos en los medios y le llevó por delante propinando un durísimo golpe del cual se levantó, tras recuperarse y no sin antes haber derrumbado el novillo al picador, intentó elaborar una faena que no ha logró realizar dado que el toro se mostró siempre observante del torero y pegando arreones más que embestidas. Con el que cerró plaza de nombre Rocioero de 443 kg. tampoco tuvo suerte.

Fotos: Luis Jaime Santos Femat

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