…no nos queda de otra que entrar en un estado de constante reflexión y sobre ella tomo esa máxima verdadera y pesada como la plaza monumental que brotara de la inspiración y sabiduría del maestro Rafael Cardona ‘No extraño una fiesta que no vi, sino una que no veo’ y la cual por su grandeza nos dispara a preguntarnos a cada uno de nosotros ¿Cuál es esa fiesta que no vemos? y cuando menos en el caso particular de este escribano creo que es la ‘íntegra’, que también debo de reconocer que desde aquella primera temporada 1954 – 1955 que presencie en la Plaza México la que por cierto fue la décima del gran embudo y de la que recuerdo a un torero muy espigado y que luego ya fije bien en la memoria como Emilio Ortuño ‘Jumillano’ y a uno con un mechón blanquísimo que respondía al nombre de Luis Procuna, posteriormente ya vería a más figurones entre ellos a Juan Silveti, César Girón, Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Lorenzo Garza, Luis Castro ‘El Soldado’, Carlos Arruza, de ganaderías a la memoria me llegan Atenco, Piedras Negras, Peñuelas, Torrecillas, Jesús Cabrera, La Laguna, Matancillas, Pasteje, de periodistas recuerdo a Alfonso de Icaza, Don Aurelio Pérez ‘Villamelón’, Carlos León, Pepe Alameda, Paco Malgesto, ‘El Ciego’ Muñoz, de empresarios pues a la marquesina los nombres de Don Antonio Algara, Don Alfonso Gaona, Don Ignacio García Aceves y ante estos nombres que de alguna manera estuvieron correlacionados y que todos sin excepción derrocharon personalidad, no hace falta ser sabio para darse cuenta que conformaban una fiesta como ya lo dije, mucho más ‘íntegra’.

Se perfectamente que cualquier voz me puede decir que hoy son otros tiempos y por supuesto que lo son, pero de que extraño esa fiesta ¡claro que la extraño!, como extraño salir de la plaza y comentar la corrida con ‘El Negro’ Muñoz, aquel hombre que vendía tacos debajo de la estatua de ‘El Boni’ y cuya cultura ‘nada más le dio’ para ser alternante de tertulias de esos ‘mounstros’ que lo fueron los inmensos García Lorca y Juan Belmonte ¿y que tal hablando de finales de festejos? tomar el ‘trole’ y agarrar camino rumbo al ‘Café Tupinamba’ donde pa’ abrir tertulia uno se compraba ‘El Redondel’ recién salido del horno,

Ante tanta melancolía solo resta afrontar el presente diciendo que los toros de Barralva, del encaste ‘totonaca’ por delante dieron gima, lo que no le resta mérito a un ‘Payo’ que más allá de la sobriedad y el valor sereno con el que sorprendió, se mostro campante y convincente como un Johnnie Walker y eso sí, no pasar por la azotea la honradez o ¿seria buen criterio? que tuvo al guardarse el retazo peludo que el debutante del biombo Jesús Morales le aventó desde el palco de autoridad en imitación de lo que había hecho con el primer espada Arturín Macías, y de Alejandro Talavante, confirmar, que torerazo sin torazos no registra, ante ello solo asentar que con tres salidas al callejón Joaquín Sabina se constituyó como el mejor librado de la penumbrosa corrida y ante ello ojala comprenda que lo suyo es el populismo y no el andar soltando la lengua en cuestiones de politiquería ajena a él, como lo es la que solo nos atañe a los mexicanos, ¿O a poco yo le ando criticando el mugroso sombrerucho que se carga por puro snobismo, o como elemento de su escenografía personal?

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