torero que en la temporada de su debut en el ‘embudo de concreto’ en la que nada más se dieron 30 festejos novilleriles, Lalo Liceaga apareció con tal enjundia que le alcanzó para torear nueve tardes, rematando con la de triunfadores donde se adjudico 4 orejas y un rabo, pero vayamos a las entrañas de la cabaña brava donde el ganadero y empresario Don Julio García Mena, roció de viandas y alipuses a sus invitados entre los que nunca mis orejillas escucharon que alguien hablara de que el domingo tres de este febrerillo se celebraría una corrida preliminar de aniversario de la plazota capitalina ¿a que se debería el desapercibimiento?, pues a que se trataba de una corrida común y corriente y nada más
El caso es que de lo que si se habló y rete te harto, fue de el hecho de la atracción que más que nunca esta significando la presencia de los rejoneadores en las plazas del país, ante eso, la empresa de la Plaza ‘La Taurina’ de Humantla atenta a los gustos del público de la región y sus alrededores incluyendo la cercana Ciudad de México, ha montado para el día 16 de febrero, una corrida que agotará el boletaje, pues en el cartel aparecerá el rejoneador español Leonardo Hernández matando dos toros de La Muralla y a pie el torero de sus paisanos ‘El Zapata’ y el torero más interesante del momento Arturo Saldivar quienes se las verán con imponentes bureles de Vicencío.
Y ya que hablamos de Arturo Saldivar, los aficionados se siguen preguntando el ¿por qué de su ausencia en el aniversario de la plaza capitalina? y si en cambio, confirmaron con su ausencia del domingo 3, que el atractivo del cartel estaba más escondido que la virginidad de una monja cartuja y ante eso pues decir que en la arena tampoco prendió el entusiasmo, ya que Juan José Padilla quién vistió de ‘labio vaginal y oro arracada’ en base a torear con el parche, fue apoyado con dos apéndices mentirosos, que los sensibleros del tendido sin esfuerzo ordenaron a que se los arrojara el cada vez menos atinado, desconcertante y manipulado, juez Ruiz Torres, Arturo Macías forrado de ‘azul Can-Cun y arena dorada’ anduvo como ateo en iglesia sin saber donde pararse y por poco paga el pecado con una violación de sus carnes y Fermín Rivera se atavió de ‘habano y kilates macizos’ para obsequiar unas perlas naturales y tres espadazos dignos de mejores faenas, las que no se dieron por la culpabilidad de sus toros, los que en la mayoría de la corrida fueron unos tíos de trapío, dignos del hierro de San José.
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