Todo ha sucedido en esta temporada de Madrid, la que se divide en dos capítulos, uno de San Isidro y el otro del Arte y la Cultura.
Ayer hizo lo que él, Joselito Adame cree puede, y que muchos, deben hacer, para triunfar en Las Ventas.
Más allá de los matices sobre las plazas de toros, como ocurre entre sevillanos y madrileños, lo que sucede con los franceses de Nimes o los mexicanos de la Monumental Plaza México. Plazas de grandes aficionados, de mucho respeto, lo mismo que la de Lima, pero donde todas las miradas de los ojos de estas plazas convergen, como se reñunen los rayos de una inmensa rueda en un eje que las mueve, un eje que es Madrid.
Ayer la noticia era que dos mexicanos, dos toreros de Aguascalientes, Joselito Adame y Juan Pablo Sánchez, estaban en un mismo cartel en Madrid. Esa prolongación de la isidrada que eufemísticamente distingue la empresa Taurodelta como Feria del Arte y la Cultura.
Que es lo mismo, y da igual.
Noticia porque desde hacia 60 años dos toreros mexicanos no toreaban juntos en la Monumental de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid . Los primeros que lo hicieron fueron Lorenzo Garza y Luis Castro El Soldado. Antes, en la vieja y desaparecida arena de La Carretera de Aragón, Lorenzo y El Soldado se habían pegado arrimones históricos, con resultados que se confunden en la niebla que existe entre la verdad y la leyenda.
Garza y El Soldado torearon juntos varias veces aquella temporada de 1935, como lo harían varios novilleros mexicanos en años siguientes como lo hicieron Silverio Pérez y Arturo Álvarez “El Vizcaíno”, Cañitas y Arturo Álvarez, Ricardo Balderas y Eduardo Liceaga que formaron una pareja interesante, pareja que completaba Rafael Perea “El Boni” quien, por esa junta con los mexicanos en Madrid, llegó a México con mucho cartel y buenas maneras, y hasta un bronce le hicieron con una de sus verónicas legendarias….
Hoy, la situación es distinta, incluso a la de aquellos tiempos de la mejor de las épocas de Antonio Velásquez, el “león de León” y Juan Silveti, “el tigrillo”, toreros que echaban chispas en su competencia. Velásquez y Silveti hicieron juntos el paseíllo en Madrid el 22 de junio de 1952.
Otra tarde fue aquella de El Ranchero Aguilar el 13 de julio, con “Caramelo” de Aleas, de manos de Manuel Navarro y ante la presencia de Luis Briones y Jaime Malaver. Conocí la cabeza disecada, imponente, de “Caramelo” cuando visité Zacatepec con mi querido amigo Marianito Muñoz, y tentamos a campo abierto con El Ranchero.
Sin embargo, la última vez que torearon juntos dos mexicanos había sido hace 60 años en Las Ventas, el 17 de mayo de 1953 cuando “El volcán de Aguascalientes” Rafael Rodríguez y Jorge Aguilar “El Ranchero”.
Hoy, la película es otra. Parece un guión escrito por Tamara Hovey con los testimonios de John Reed, libro que Tamara tituló Testigo de la Revolución. El revulsivo surgió una tarde tempestuosa, de vientos huracanados, lluvia y granizo, encontrándose en la arena de Madrid Diego Silveti, echo él un torbellino arrasador. Luego vino Arturo Saldivar, quien ante un bravo burraco le secó la boca a quienes cantan derrotas en el Tendido 7. Siguió, para seguir mucho más, Joselito Adame quien ayer repitió su grandeza en las formas y en el fondo de su técnica, pero volviendo a extraviar la llave de la Puerta Grande, esa que una tarde abrió Eloy Cavazos, el maestro al que Joselito le brindó la muerte del segundo toro, el que al destasadero se llevó las orejas de la llave que abre el camino de la Calle de Alcalá.
Foto:Juan Carlos Amarillas.
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