Dio vueltas al ruedo, como Sebastián Ibelles y Héctor Gutiérrez que también agotaron los tres viajes reglamentarios para pasaportar. Solamente Emiliano Villafuerte “El Mozo” acertó en una media delanterilla, valedera para recorrer el anillo, frente a erales de Rodolfo Vázquez.

El ímpetu revolucionó la labor de Sebastián, tras descubrir en capa el buen lado izquierdo que le ofreció “Chiclanero“, pues al tomar la muleta, tras un inicio de tanteo ligó las series por naturales sin dar respiró ni a él mismo. Esa hambre de triunfo y sed de toro fue bien aceptada.
Fin de tanda y tres Naturales templados fueron congraciados por unos 200 espectadores. No acertó el número de viajes establecidos y en la vuelta al ruedo le ovacionaron, como debutante en Arroyo, pues le tocó dar suelta al abreplaza.

Héctor Gutiérrez trae el sentimiento a flor de piel al tomar el capote para veroniquear de recibo y en quite. Brindó a Rafael Báez y, a torear en redondo, tras sentido inicio por bajo. Por ahí surgió un pinturero cambio de mano y en cuando el eral se escupiera empleó el recurso de torear en línea recta.
Serie de Ayudados, rematados con una Trincherilla, previo a resultar arrollado y todo se quedó en vuelta al ruedo al no encontrar eco con el acero.

Y mientras los dos primeros chavales buscaron el torero artístico, “El Mozo” tuvo que recurrir a la lidia, al no dar salida limpia al eral, echándoselo hacia el cuerpo constantemente. Si acaso, poner en suerte a “Ponciano” le salió dibujado ante el caballo de Guillermo Montero.
Brindis a Manolo Mejía. Y a lidiar, que también se admira cuando se rematan los muletazos de pitón a pitón. Media espada, suficiente para dar la vuelta al ruedo.

Explosivo, sin freno alguno es Juan Pedro Llaguno. Así sacó variación con la capa. Verónicas y la Media al recibir. Chicuelinas, Rebolera y Brionesa ligadas en quite. Y de pronto, sin previo aviso, pidió al picador el caballo; desparpajado tomó la vara para cubrir el primer tercio.
Cedió a Héctor Gutiérrez el par intermedio de banderillas, a la postre el mejor, en tanto colocó dos pares con su alegría característica. La prueba por ambos lados le llevó a torear en un palmo de terreno al tomar la muleta. Y, a ensamblarse con la música en un Afarolado medido.
Quería comerse al eral, tras disfrutar un bello Cambio de Mano por delante. Demasiada confianza y que viene el tropezón como aviso de “Paquiro”. Ese clima establecido por Llaguno sólamente pedía certera culminación con la espada. Tres viajes reglamentarios y uno más, por cuenta propia, lo devolvieron a la realidad.
Vuelta al ruedo entre aclamaciones, estridentes, festivas sobre un tapíz de prendas. La actuación brindada a su hermano Juan Pablo estuvo llena de euforia. Habrá que imaginarse cuando entre en equilibrio su personalidad y el diálogo con los toros. Por ahora, está en la primera categoría.

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Video: Julián Herrera

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