Javier Castro saludó en el tercio al fallar con la espada; en tanto el esfuerzo de José Zavala fue ovacionado y lamentablemente Arturo de Alba escuchó un aviso por pasarse en tiempo de una faena ausente del Olé.
De nueva cuenta se poblaron los tendidos, a sabiendas de la seriedad de organización para ver un cartel de destacados noveles, esta vez, reconocidos económicamente por Grisel Marco Campos, hija del empresario de la plaza más bella en México con sabor español.
El brío de salida mostrado por “Buen Amigo”, cuarto en el orden, dejó ver en Antonio Mendoza un sedoso manejo de percal con Lances suaves recojidos hacia su cuerpo. Y al descubrir la falta de fuerza inició por alto la faena en son de ayuda; con esa serenidad cuajó tres tandas en redondo.
Y no obstante el refugio en tablas, Mendoza jamás renunció al objetivo de triunfar, pues fue ahí donde recreó los medios pases, ajustando el cuerpo para celar cada embestida, provocando la emoción del público que le coreó fuerte el detalle torero al plegar la muleta, tras ocho lentos Naturales.
Pero ese celo tuvo por consecuencia llevarse un puntazo que lo suspendió en el aire. Tres cuartos de acero en buen sitio redituaron en el corte de oreja, apuntando Gracia como sello.
El horno caliente lo aprovcehó Diego Sánchez con el siguiente ejemplar, brindado a Luis y Grisel Marco. Con tiento, en los medios, le toreó templadamente estallando el Olé en tres largos Derechazos. El aire a campo abierto duró poco, pero mantuvo la inspiración en una media Dosantina y soberbio Trincherazo.
El novillo, de pronto se rajó, pero eso no fue obstáculo para que el hijo de Luis Fernando conformara un túnel entre su cuerpo y las tablas y se diera a la brillante tarea de torear en línea recta, arrancando gritos de “Torero, torero” por su valentía. Pinchó, sí, pero descargó a un tiempo el segundo viaje y le entregaron la oreja al desmoronarse el astado.
Sello de Diego Sánchez: apunte hacia el temple.
Fuerte ovación de salida recibió el abreplaza, marcando el trapío que prevaleció en los seis ejemplares de Maravillas. Diego Emilio le solicitó a su banderillero Diego Martínez recibiera la ovación en el tercio por un ajustado par al Relance, en tanto él, construyó la faena por derecha corriendo suavemente la mano hasta en tres series, elevando a la categoría de espectáculo, conjuntar valor y catadura.
“Parrandero” le avisó peligro sobre lado izquierdo, pero Emilio se sacó de la manga un desplante torero cautivador y con tres ceñidas Manoletinas dejó en alto el momento culminante para depositar una entera ligeramente caida y llevarse en premio la primera oreja de la tarde.
Este Diego, también de Aguascalientes, apunta firme sello de valor torero, de la mano de Manolo Arruza.
El toro del festejo tuvo suelta en tercer lugar. Carlitos Domínguez lo dejó asentado y entre Fernando García hijo y Lupillo González lo adornaron como crecido pavorreal al dejar en lo alto y simétricamente las banderillas. Brindis de Javier Castro a la esposa del empresario, Lucero Campos.
Inicio de faena en línea recta y después, en redondo, intercalando largos pases de Pecho, Fedayina y Capetillina. El cierre fue emotivo: dos Manoletinas, una Joselillina y el muletazo de El Duende. Y cuando ya se mascaba el triunfo cayó Castro en un bache con la espada, por lo que el triunfo se contuvo en el tercio.
Un desconcierto sufrió Arturo de Alba ante la prontitud para acudir al capote el berrendo en negro, “Lucero”. En el quite nomás dejaba pasar al que hizo segundo lugar. Comprometio su brindis con Luis Marco, pero paulatinamente se fue perdiendo en el silencio; vamos hasta en tiempo de faena; escuchó un aviso y terminó de bajo espadazo.
Cornalón, sí, pero totalmente deslucido, fue el cierra plaza, por lo que la voluntad de José Zavala alcanzó para escuchar palmas al brindarle a Grisel Marco, pues con capote y muleta poco pudo hacer. Pinchazo y entera entre el silencio.
Ah, que sabor, del bueno, han dejado Antonio Mendoza, Diego Sánchez y Diego Emilio. Apuntan al cante, al sello, ese que Cinco Villas va adquiriendo bajo la conducción del juez Pepe Garay, velando por la seriedad y respeto de la fiesta. ¡En Horabuena!
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