El encierro de Bernaldo de Quirós despertó en los toreros: poder, recreo e inspiración, de acuerdo al orden del cartel.
Ya, el hijo de Ricardo Sánchez había asomado el temple desde su presentación en la plaza México, sin embargo, ahora ha embelezado a los cinco mil espectadores con una virtud más, la del tirón, sinónimo de jalar, pero en él, cadenciosamente con su ritmo propio.
Así, ante el dechado de nobleza ofrecido por el cierraplaza de lidia ordinaria, conjuntó templanza y, cuando se frenaba el de Bernaldo de Quirós, elevaba la muleta como si fuera un toque, para tirar del toro despaciosamente entre el monumental coro, ensamblado al musical toreo del chamaco.
La gala inició de elegante capa al recibir con Verónicas, Revolera y suelta de punta meciéndose sobre pies. Vino el asentamiento a cargo de Héctor Cobos al picar lo necesario. Y la escena se fue pa´rriba con la geometría de Gustavo Campos al trazar sus cuarteos elogiados en el tercio.
A partir de ahí, Juan Pablo se apropió del escenario en sus muletazos por bajo y el magistral Cambio de mano, embebiéndose el toro el temple del torero en el mágico círculo. Bajo esa confección ha vibrado el toreo en redondo, más sobre lado derecho. Se disfrutó tanto que al salir empalado, volvió a la pauta y recobró el ritmo de mano izquierda.
Vamos, fue tal la conjunción de toro y torero que al señalar el primer pinchazo afloró sonora ovación; vinieron dos viajes más y el público no se quedó con los aplausos. Se los brindó en la vuelta al ruedo, tras arrastre lento a “Costurero“.
En el tercero de la tarde saludó desde el tercio, pero la intensidad de faena la descargó al final.
Saltó al callejón el abreplaza que durante el segundo tercio alcanzó a Sergio González provocándole fractura de muñeca izquierda, y aunque acusaba poca fuerza, Lalo le dio el alivio de la media altura hasta desengañarlo en 17 minutos de lidia al prolongarse con la espada; aún así, valedera fue la salida al tercio.
Similar en tiempo fue la faena al cuarto, que lo hizo romper, tras una serie de detalles: “Zotoluco” cayó en la arena al enganchársele la capa; Cristian Sánchez saludó desde el tercio al templar sus cuarteos y “Campero” sufrió una manchicuepa. El desengaño fue duradero hasta escuchar un aviso por fallas con la espada.
El triunfador de la tarde, por premio, ha sido Talavante al aprovechar la nobleza de “Condesito”, recreándose desde el capote y su empaque toreo de muleta; se llenó tanto de lo hecho que hasta la arrojó. Entera traserilla de efecto retardado le dio el apéndice.
Descompuesto de embestida fue el quinto de la noche, abreviando entre el silencio de cuatro viajes con el acero. Regaló uno de San Isidro, convirtiéndose el torero en estatua, tras pintureros lances y pases. Dos viajes entre palmas.
T-e-m-p-l-e y T-i-r-ó-n. Así, letra por letra, marcada en el Metrónomo de Juan Pablo Sánchez, al dirigir la batuta de un final que no requerido ser feliz, esta vez. Aguardaremos verle en obra completa; por hoy, vivan sus virtudes.
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