Ha sido impresionante el poder ejercido para dominar a un lote de Campo Real que no apuntaba hacia las grandes alturas. Y sin embargo, en el conocimiento de terrenos, manejos de tiempos y sobrada anticipación lo han puesto por encima de sus alternantes. Diego Silveti con el lote del encierro manchó con la espada sus faenas, en tanto Arturo Saldivar, pechó con el lote deslucido, incluyendo un reserva de Teófilo Gómez.
Un ochenta por ciento se ha cubierto en la Monumental plaza, bajo una temperatura cercana a los treinta grados, que aunados al termómetro del paisano, hirvió hasta la pasión al entregársele por vez primera.
Desde el Parón de recibo al abreplaza apuntó Joselito el entendimiento mezclando Verónicas y Lances de media capa que cimbraon al quitar por Chicuelinas. Tranquilo, sereno se fue a los medios y como si se estuviera concentrando aguantó estóico las embestidas encausadas por alto y como “Cubero” se fue entregando paulatinamente, en cuanto lo condujo en redondo impuso ritmo.
El toro apuntó rajarse, pero el celo torero de Adame lo obligó a embestir ofreciéndole los muslos por carnada. Y caminándole le robó las medias embestidas en Molinetes ceñidos. Ahora que al envainar en todo lo alto el estoque fue todo un espectáculo, pese al escaso premio de una oreja ante el reclamo del público.
Se resistía a acudir hacia los caballos “Tahur” en clara muestra de eludir el reto. Un par de varas de manos de los Prado, José Isabel y Mauro, fueron suficientes, pues el plan de Joselito estaba en el destronque y desengaño para ir metiéndolo en la muleta. Sentado en el estribo le redujo el espacio y ahí lo atrajo hacia la muleta al salirle caminando con señorío.
Le buscó torearle en redondo hasta lograr el cometido, no obstante los derrotes continuos. Y en un palmo de terreno le trazó Joselillinas para descargar el cañón de espada, tan fulminante que el de Campo Real rodó sin puntilla y al entregarle las orejas vino La Pelea de Gallos.
Silveti ha tenido una tarde redonda hasta antes de tomar la espada. De capa y muleta logró dos trasteos artísticos, pero faltos de medición para culminar las faenas. En su primero se engolosinó en cuanto el público empezó a solicitar el indulto, que el juez no aceptó. Y en otro se pasó de faena y todo lo conseguido en grande se fue esfumando por las fallas con el acero.
Saldivar salió con el santo de espaldas. Regresaron al segundo en el orden por fuera de tipo ante nutridas protestas. El reserva de Teófilo tuvo cara pero su mansedumbre desdibujó el panorama. Y si le agregamos el bajonazo, el abucheo fue más que merecido.
Ante el sexto el panorama fue similar. Mucha voluntad, poca efectividad y nuevamente mal manejo de aceros.
Esa convicción de brindar sus toros a la tierra de la gente buena elevó a Joselito Adame a probar las mieles del candelero al salir a hombros por su primera conquista. Ambientazo.
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