Bastó su sola presencia para que desde el paseillo los casi catorce mil asistentes le cayeran encima en un sonoro abucheo que jamás pudo acallar. José, Antonio, el de España agrandó su deuda con la afición hidrocálida y lo que la gente esperaba ver en arte se ha convertido en la Gran Bronca.
Vamos, empezando por el raro color del terno, mandarina, su extraña actitud de cumplidor más que compromiso, y sobre todo la brevedad para resolver tres ejemplares en menos de treinta minutos. Más malfario, sólo en este tan singular personaje.
“Siempre Juntos” se llamó el castaño con el que Joselito ha volteado de cabeza la Monumental en plena Feria de San Marcos, alegrando la embestida desde el recibo en Largas cambiadas de rodillas y sutiles lances caminando de tablas hasta los medios. Rítmicas Tapatías entregaron al begoñés en remate Guadalupano, creación de Pepe Ortíz.
Ondeante capote para embarcar Zapopinas y en floreo Manguerazo de Villalta; alegría pura, extroversión torera y pasional entrega, emulando a Alameda. Soportó dos coladas en pleno viento, por lo que cambió a toreo por alto, estatuario, medido, justo y tomar altos vuelos al templar en redondo.
Respuesta completa por ambos lados y sacándose de la manga lentas Dosantinas en inspiración aflorada, llena de trasmisión haciendo único el clima Joselito Adame-Aguascalientes, como el José Guadalupe Posada, dejando grabadas cada una de las suertes culminadas al envainar como elegante espadachín el estoque.
En lo alto el acero y en el ruedo el despeñado Begoña, sin orejas, y llevado al destazadero en arrastre lento. Aunque la realidad, la obra fue del torero, al entenderlo del todo a todo.
No quedó mengue alguno, pues para alejarlos hasta el subalterno Juan Ramón Saldaña contribuyó en este toro y el cierraplaza en voltear la montera velozmente cuando tras los brindis caía con los machos hacia arriba, a eso le llamaban símbolo del ataud abierto, por lo que oportunamente fue mejor enterrar supersticiones.
Soso y poca movilidad tuvo su segundo y como no pasaba largo, José se dedicó a torearlo hacia los adentros. Intentó dos ocasiones matar recibiendo, sonando las palmas.
Con el cierraplaza el bosquejo estuvo de locura, pues ya se había adueñado del ambiente. Aquella media Revolera de recibo fue señorial o aquel pase de la Firma dejando estela artística hasta que se paró el toro, culminado de pinchazo y entera para continuar la fiesta con la Pelea de Gallos.
Este Joselito se ha visto como todo un giro de plumas relucientes defendiendo el honor en tarde auténtica de compromiso, como que se llama José Antonio Morante el colorado descolorido, por esta vez.
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