José Antonio tuvo que recurrir al Morante para lograr algo de la Puebla en uno de regalo, sin salvarse de los avisos. Y Diego Silveti remató desafiante trasteos sin faena. Palmas y aviso.

Al igual que en la temporada anterior con Joselito Adame, los carteles han coincidido en programación para el éxito de un torero; esta vez con el rubio queretano. ¡Circunstancialmente!.
Será el destino o la veleidosa suerte, pero “El Payo” ha dado la primera gran campanada.
Admirable. Lo ha logrado ante la mirada de unos 22 mil espectadores congregados en la plaza Mexico en radiante tarde de toros.
Capotazos de tanteo, y si acaso una Chicuelina recortada para poner en suerte al “Gorrión” que atacó al caballo. La vara enmendada de Efrén Acosta transformaron para bien el panorama. Par de Chicuelinas y la Media por delante levantaron en quite.
Y de un sólo lado, el derecho, Octavio marcó el triunfal rumbo del que jamás se despegó. Series cortas sin permitir enredarse las desahogó con limpieza en los remates con el De pecho.
Inclusive una de ellas la inició en forma violenta, acorde con el ajuste que necesitaba el de Barralva. Un Redondo y a sepultar acero con la diestra. Todo por derecho en el corte de oreja.
De capa nada bueno auguró el quinto en el orden. La receta de Salomón Aspeitia surtió efecto en dos varas y rompió a bueno en muleta. Claro, enfrente había un torero en su momento. A este sí, por ambos lados lo cuajó en faena llena de trasmisión.
El coro se entonó en cada muletazo al marcar el ritmo Octavio. Estribillo de dos muletazos, cambio por la espalda y, por delante con el De pecho. La batuta pasaba de una mano a otra.
El medio muletazo por delante, Cambiado por la espalda, giro de cuerpo para cambiar de mano la zarga, agregando par de Naturales dejaron el escenario en su punto. Y como descargó toda su emoción en en la espada, el instantáneo efecto le dio dos orejas.
El juez Jorge Ramos ordenó el arrastre lento, aplaudido por la concurrencia.
A Morante le tocaron dos “Clavellinos” totalmente desafinados. Lo más destacado del ordinario lote lo obtuvo Gustavo Campos al Cuartear geométricamente un par de banderillas al que hizo cuarto en el orden.
Descorazonado esfuerzo y espada chata produjeron sonido. Aviso en cada toro, sin escaparse del abucheo.
José Antonio se adelantó al Morante en el de regalo. Su presagio hizo concebir el agitanado detalle desde el primer capotazo. Punta cantaora de saludo en par de Largas de pie. Pero un salto al callejón marcó el primer alerta de mansedumbre.
No obstante el aviso, la efervescencia del ibérico se descargaba también en tres artísticas Chicuelinas. E iría a más con la muleta: Trincherazos, Molinetes, Cambios de mano erupcionaban el clima.
Que importaba que se rajara “Como Siempre” si en Trincherillas y Firmas el toreo en paralelo estaba compensando huidas. O aquel sobervio Trincherazo al viento brotaba la amorantada vena.
Pero se ocultó la luna. Y la oscuridad dejó en sombras el cite a recibir. Malfarios con la espada hasta escuchar dos avisos. Entre los gitanos no existen anticipos.
Los toros de Diego fueron picados por cada dupla. El primero, brindado a “El Piojo” Herrera, provocó tumbo a Carlos Ibarra en la querencia. Al segundo, cuatro puyazos no fueron suficientes para hacerlo romper.
De ahí que bravatas Manoletinas en uno y Joselillinas ajustadas en el otro remataban carentes faenas. Palmas, pese a calar, y pinchazos de silencio, un aviso. El piquetito español, esta vez, dejó en descubierto falta de uniformidad en juego y comportamiento barralvense.
Un mes después regresa “El Payo” de la salida a hombros. Idóneo panorama para asegundar a Joselito Adame, absoluto triunfador 2013-2014.

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