De nueva cuenta lo ha revivido Juan José al visitar en los corrales al extraordinario ser vivo con el que entablara la más profunda conexión.
“Fue un diálogo de nobleza: el toro mostró su nobleza y se encontró con la mía, mi nobleza, como si ambos habláramos el mismo idioma. Yo le ponía la muleta y el se dedicaba a seguirla hasta donde lo llevara“.
Padilla estaba impregnado del sensacional momento, al lado de su cuadrilla y apoderado.
-¿Qué tan importante fue La Vitolina en cada inicio de tanda?
-Importantísimo. Le daba el pase y me permitía girar el cuerpo para embarcarlo llevándolo largo y en redondo con mucha emoción.
-Lo había hecho antes en alguna otra plaza?
-Sí, varias veces en España, pero a finales de faena, cuando el toro está más entregado. Sin embargo con “Sonajero” lo hice desde el inicio porque ambos entramos en conexión.
-¿Y bajo el grito de Padilla, Padilla?
-También. Lo escuché en Pamplona, pero el de México lo llevo en el corazón, eso es algo inolvidable.
Y Juan José se dirigió a la capilla de La México. Sin importar que la puerta estuviera cerrada, se postró de hinojos y a través del cristal entró en la profundidad de la oración. Este es un ejemplar ser de otro planeta, el parche en el ojo lo delata.
Al indulto a “Sonajero” se suman otros tantos en España y Ecuador.
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