el 4º domingo del mes del tiempo ordinario se recuerda el que a su menda me lo hayan ejecutado a hachazos, cosa que en verdad me horroriza, y máxime cuando según el calendario a otro de sus colegas apóstoles de nombre Simón, en similitud de fecha lo cortaron con una sierra ¡Órale! ¿Pues que habrán hecho? bueno, pero volvamos, el santito de ‘Las Causas Perdidas’ y que a decir verdad no anda tan perdido, pues cada día 28 llueva o no llueva se celebra allá en su cantón del Templo de San Hipólito, el cual por cierto yo me pregunto ¿Por qué no se llama el de San Judas Tadeo?, el caso es que para que la celebración empezara temprano, como jefe que es usted, mando atrasar los relojes una hora y así los mariachis se arrancaron desde en denantes con ‘Las Mañanitas’ a propósito de música, lo que si estuvo bien ‘música’ es que en el ombligo de la música mexicana al que todos conocemos con el nombre francés de Garibaldi el señor Ebrard Casaubón les aventó a los proveedores del etílico callejero a los ‘RoboCops’ dizque porque expendían ‘alcoholito’ adulterado, ahora si que, que francés me salió Don Marcelo, pero allá él, por que con su rigor no creo que los panzones les vayan a tocar ni ‘Las Golondrinas’ ahora que se pire pa’ Azerbaiyán en su ‘Línea Dorada’ en donde espero cargue con sus pinches baches y grúas y en una de ellas trepe la insultante escultura del sátrapa al que honró a costa de deshonrar a la capital. En ese caso nos hubiera plantado al Tigre de Santa Julia, que ese si hizo harto por los jodidos, ¿no?
¡Híjole! San Juditas pero con lo que si se voló las tablas este 28 celebrativo fue con la corrida esa que mando oficiar en el ‘Templo Mayor de la Tauromaquia Latinoamericana’, la que aunque no rebozo hasta el copete como si ocurrió en su iglesita o en el otro evento conmemorativo en el que en su honor los animalitos de la mansedumbre Puma y los del nido de las Águilas retozaron en la grama, bueno, pero estábamos con eso que llamaron la primera corrida de la Temporada de Invierno, en donde aparte del ‘glorioso’ Enrique Ponce I, compartió penumbras, Fermín Spínola, y esperanzas Dieguito Silveti, aquello ya pintaba para macabro, a tal grado que las lenguas de doble filo dicen que trajeron once torucos para que entre ellos ‘El Apóstol de la guapura’ escogiera a cuales carbonizar en las llamas de la desgracia y así pues, por donde se le quiera ver, los zombis de Xajay, como todo mundo lo sabia, terminaron valiendo pura monja, pero ¡eso si! de las mitoteras pues anunciaron a gritos y cojinazos que hasta el día del ‘Bay, bay’ los feligreses no volverán a ver a un hombre, que quisiera creer yo, aunque no puedo, que ha sido victima de las circunstancias, o más bien de los pecados de los traidores de su corte celestial.
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