Ahora más que nunca debemos abrazar nuestras creencias. El mundo cada día es más intolerante lo que, per se, es ya una aberración.
La fiesta brava no es ajena a la intolerancia de quienes, sin conocimiento, atacan por pose, pues los argumento que dicen tener no alcanzan eco. El ataque a nuestra fiesta pasa más por una cuestión política que de defensa a los animales. Son los políticos los que en busca de votos se inventan posturas verdes, de izquierda, de derecha, de mentiras.
En esa búsqueda del voto, pretenden que su postura política, permee en la mente de quien no conoce la fiesta para que por la vía cómoda, sea parte de lo que no era un tema pero que por un sentido de ser bueno, actual o auténtico suena moderno apoyar.
¿Quién convocó a la afición a la defensa de la fiesta para este 29 de mayo del 2016 en la Plaza México?, no importa, lo importante es que se haga ruido, que empecemos a tomar postura, que no nos de pena gritar que somos taurinos, no en la plaza donde no hay riesgo, sino en y desde casa, entre los amigos, en el trabajo, con la gente, ante la sociedad, con respeto. Es hora de abrazar la fiesta como se abraza a un hijo, a la novia, a la familia, para decirle y decirnos que está bien, que es buena y que los ataques y la búsqueda de su prohibición no es su culpa, ella es limpia, esencia, es lo que es.
Sí, la debemos abrazar porque está en riesgo, no de extinguirse, porque seguimos siendo más, pero sí de perder su claridad, esencia y principios ante los incesantes comentarios de gente que no puede entender que los taurinos amamos al toro, lo cuidamos, lo respetamos y no vamos a ver su muerte sino la forma en la que una raza brava trasciende, precisamente a la muerte para vivir de nuevo en el campo a través de su sangre y la herencia de una cultura que no es más que el arte del valor y la bravura planeado en telas de color rosa y rojo compartida entre el hombre y el toro en una simbiosis al natural.
Fuimos pocos, unos 350 creo no soy bueno para las estimaciones, no importa. Lo que debe trascender es que vamos a correr la voz fuera de los círculos taurinos, vamos a hablar de toros en todas partes, vamos a sentirnos, por que lo estamos, orgullos de ser taurinos, de ser una familia y de no ser gente normal. Lo normal, por su puesto, que es defender la vida y lo hacemos más que ellos, porque aquí no sea desea que el toro muera porque sí, se le respeta en la pelea y en la muerte, a diferencia de quien sí desea el mal para toreros y afición. Nos atacan de no defender la vida y me pregunto: ¿cuántos muertos hay en los tendidos de una plaza de toros?, ¿cuántos intentos de homicidio?. Nos tildan de asesinos. Pero que no el asesinato es el matar a alguien (personas) con alevosía, ensañamiento o por una recompensa. Los toreros no lo son, los subalternos no son sus cómplices y los aficionados no somos testigos de cargo. Aquí no existen los asesinos, cuidado con lo que decimos sin saber. El silencio habla muchas veces muy bien de quien lo profesa.
En la tauromaquia no hay una muerte sin sentido. La tauromaquia culmina con la muerte del toro, a veces del torero que la dignifica, como sucede con nuestra propia vida que no se entendería sin la muerte. ¿Dónde está el mal en esto?, la vida es así.
Seamos apasionados al defender y abrazar la fiesta, dejémonos llevar por la pasión con vehemencia y fundamento ayudando a entender a esos “defensores” de la vida que aquí nadie está buscando la muerte, que la muerte es conclusión de la vida. Levantémonos del sillón cómodo, levantemos a los demás taurinos de cepa, levantemos a los simpatizantes de la fiesta, salgamos a decir a la ciudad y a los políticos que la quieren prohibir, que siempre ha estado prohibido prohibir lo que no daña, lo que no es malo, solo porque no lo entendemos, lo desconocemos o no nos gusta. Les puede o no gustar la fiesta brava, lo que no pueden es prohibirla bajo el fundamento de que se le daña al toro, cuando dañar es maltratar o echar a perder algo, lo que no es el objetivo de la fiesta. No es causar dolor por el dolor mismo, por satisfacción, el dolor es parte de la vida y de la fiesta. La fiesta está inmersa entre el dolor y la muerte, así como entre la alegría, el arte y la vida. Se amalgaman entre polos que parecerían opuestos que en la plaza son armónicos , complementarios y crean obras que perduran.
Ser taurino es justo lo contrario de ser anti taurino, y no solo en significado lo que es por demás evidente, sino en educación, cultura, decencia y capacidad de respuesta.
Hoy nos juntamos un grupo de taurinos que solo queríamos estar cerca de nuestra plaza, nuestra fiesta, nuestra cultura, abrazándola y abrazándonos uno a otros en silencio. Estuvimos ahí en ejercicio del derecho humano, nunca mejor dicho, a la cultura. Frente a nosotros se juntaron un bonche de personas que se dicen defensores de los toros de lidia.
No hubo enfrentamiento, de parte del taurino se expusieron las ideas, del otro solo se escucharon los gritos de “asesinos”, gritos violentos e insultantes, gritos de muerte hacia los toreros. Es muy complicado tratar de entender cómo es que se defiende la vida del toro deseando la muerte o mutilación del ser humano. Esos son los anti taurinos, personas que no saben lo que quieren, que no entienden lo que reclaman y que defienden la vida deseando la muerte. Es más violento quien no quiere entender y solo insulta como medio de defensa, así fue hoy, una letanía de insultos hacia los taurinos de parte de quienes se dicen educados, vaya paradoja.
Inicia una nueva época para los taurinos, la de alzar la inteligencia, la de no caer en la provocación, la de hablar con argumentos, la de ejercer el derecho de ser representados ante el constituyente que redactará la nueva constitución de la Ciudad de México. Llegó el momento taurino de brindarle a la fiesta brava lo que tanto nos ha dado.
No te quedes quieto, vive con pasión, con pasión taurina, sal y defiende con respeto la tauromaquia.
Al que no le guste la fiesta brava que no vaya.
Gastón Esquivel Santos. © 2016
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