La herencia de los Cascajares, Ibarra, Rojo de la Vega hasta llegar a Campos Licastro fue la mejor lección de vida para afrontar a la muerte.
Esta es la trilogía entre el valiente, el apostol y la circunstancia.
Ahora, el legado está en manos de Jorge Uribe Camacho, fiel mexicano representante de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina fundadA en 1964.
Sobre un capote de paseo, otorgado por el matador de toros en retiro Jaime Rangel, a manera de efigie religiosa, sobresale el símbolo médico que suma rosas bordadas cada dos años en recuerdo de los congresos médicos.
El ramillete floral recalca las mágicas manos de todos los especialistas en cirugía dedicados a brindar el primer alentador auxilio, con o sin enfermería o material especializado.
En proyección contiinua, el alumno de Campos Licastro, en compañía de su colega Antonio Brito, explicó la presencia médica en las plazas de toros, bajo la tarea de Observar Mecanismos de Producción.
El término suena extraño, sin embargo en cuanto se enfoca a los recientes percances de Julio Aparicio, José Tomás, Luis Conrado, Juan Pablo González y Juan Luis Silis, se revelan claramente por el comportamiento del toro.
“El toro sabe de anatomía” explica el Dr. Uribe al descubrir que la gran cantidad de cornadas surten efecto sobre pitón izquierdo, apoyado en las manos de la fuerza cuadrúpeda.
Y las elocuentes imágenes en video refuerzan la tésis cuando se observan los percances Miguel Louceiro, trauma; el otro forcado Enciso, fractura molar; Mariano Ramos en Toluca, Hilda Tenorio en León y Marcial Herce al recibir una patada.
“Nosostros también necesitamos suerte”, el deseo-palabra previa al festejo dedicada a los toreros. Inmovilizar la columna vertebral, su primer auxilio y, como muestra apunta el pitón izquierdo del toro de José Julián Llaguno al rostro de Silis en Pachuca.
El explicación se refuerza sobre la fotografía de Angel Bernal tomada en su justo momento, que ha dado la vuelta al mundo, desde aquel fatídico 13 de octubre de 2013.
“Cuando surge una cornada, nosotros decimos que se la dio un pitón; el otro pitón nos corresponde a nosotros los médicos para salvarla”. Experimenta el Dr. Brito, en el seno de la Asociación de Matadores.
La finalidad de la exposición va enfocada a brindar al torero el mayor número de auxilios médicos por todas las plazas de toros. Y viene la frase realidad de la fiesta en voz del presidente de los toreros, Francisco Dóddoli “El toreo es una gran locura”.
Y es que cuando el matador entra en éxtasis profesional quién se acuerda tan siquiera de una ambulancia quirófano. Un valiente, el apostol y una circunstancia se mezclan en la tertulia mensual bardiana para descubrir aspectos de la fiesta.
Quién iba a pensar que los 130 kilos de peso serían un obstáculo más para salvar en 2006 la vida del picador Juan Pablo González en Texcoco: traslado hacia la enfermería, desvestirlo y meter manos salvadoras; a los seis meses de la cornada en el cuello ya estaba reapareciendo.
En la fiesta de los toros el peligro es intrínseco

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