Las autorías pertenecen a quienes no solamente familiarizaron, sino también le admiraran: Carlos Hernández “Pavón”, el primo y, Eduardo Azcué, el entrañable amigo. Juntos han brindado una extraordinaria velada literaria en torno a quien continuara el acento mexicano de la torería.
La editorial lleva por nombre Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos, presidida por Paco Dóddoli.
Evocar las faenas realizadas en México y España están registradas en las afortunadas memorias estadísticas de Humberto Ruíz Quirós, junto a su desaparecido hermano Luis y en la actualidad, de Luis Mariano Andalco en nombre del gobierno de Tlaxcala que preside Mariano González Zarur.
Estos dos extremos confluyeron este miércoles ante un nutrido grupo de aficionados para dar a conocer el libro de “Pavón”, tercero en su autoría que recoge los ángulos humanos y profesionales del torero que continuara la escuela de Silverio Pérez cuyo intermedio escribe Manuel Capetillo.
Azcué, por orden de participación, ha recordado las andanzas vividas por ambos en busca de encontrarse con el toro, ese amigo, colaborador que lo mismo da importantes tardes que desafortunados momentos como los que registró Jorge desde los seis años de edad.
“El Ranchero” Aguilar nació al toreo en Coaxamalucan y en esta misma ganadería rindió tributo a la tierra al cumplir 47 años, producto de ese intenso corazón con el que abrazó su distinguida carrera. “Jorge cosechó tantos amigos como aplausos y murió con una muleta y espada en las manos.
¡Nos hace falta Jorge; nos hace falta El Ranchero!”
Dios nos libre de que nos salga un toro bravo; esta frase se convirtió en plegaria en labios de Jorge Aguilar, ranchero de raíz: amante del terruño, el campo y las costumbres; había visto la primera luz en la Hacienda de Piedras Negras. El sombrero de charro campero le quedaba a su medida; la montera también.
Hombre recio y noble a la vez había realizado su primera faena en brazos de Don Felipe González “El Gallo Viejo”, quien bajo el hombro le hizo sentir las primeras embestidas a manera de muleta en Coaxamalucan. Esa escena fue determinante, de la que nunca más se pudo desprender: Amar a la tierra y admirar al toro.
Carlos Hernández González “Pavón” es el autor de este texto, parte del libro presentado orgullosamente al dar un número, 85, corridas firmadas en España por la reciedumbre de un toreo tan personal y nítidamente mexicano que por la sangre derramada no pudieron cristalizarse.
“El salía a morirse en el ruedo; yo no pude, por eso me regresó a los libros. En Jorge “El Ranchero” Aguilar hay calidad, sentimiento y grandeza.” En esa carretada de aplausos están involucrados Jorge Aguilar hijo y Luis Mariano Andalco, además del anfitrión de la agradable noche Paco Dóddoli.
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