El llegó a México argumentando que no escogería toros ni impondría ganaderías, en la corrida de la que hago referencia, se le ofreció una corrida de toros de Torreón de Cañas, y no la aceptó, después se le ofrecieron dos toros de la ganadería de La Guadalupana, una vez aceptados por su equipo, se mandó hacer la publicidad anunciando dicha ganadería.

Cuatro días antes del festejo, su equipo llama para hacer el cambio de ganadería por la de Cerro Viejo, llegando los toros el jueves 3 de febrero por la noche.

La noche del viernes 4 de febrero, llaman de nuevo para hacer otro cambio, por dos toros de la ganadería de José María Arturo Huerta, argumentando que al rejoneador ya no le gustaban los de Cerro Viejo.

Por la proximidad del festejo, hubo que aceptar dicha imposición.

El día de la corrida antes de que partieran plaza, su apoderado Julián Alonso, en una actitud muy prepotente daba de gritos que si no se le liquidaba el importe total del sueldo de su poderdante se llevaba sus caballos.

¡Qué tristeza fue para mi presenciar que una figura del toreo haya conseguido llevar tan solo mil 400 personas, a una plaza con capacidad para cuatro mil setecientos aficionados!

Además de la decepción mía, la de la gran mayoría de público asistente, que decía a la salida de la corrida de su actuación tan pobre, a pesar de haber cortado tres orejas no convenció a nadie.

¡Qué gran diferencia con su actuar en las plazas grandes!

¿Que acaso no tenemos la misma importancia todos los públicos?

¿Así piensa volver el próximo año a México?

¿Ha cumplido con su palabra al pisar tierra mexicana?

¿Vale lo que cobra?

ATENTAMENTE

Isabel Parra de García
Teziutlán, Puebla, 10 febrero 2011

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