Los hermanos Sergio y Francisco de Paula Hernández Weber lo traen de gene criador: desde su abuela, Doña Beatriz Carvajal, pasando por el hijo y padre de estos jóvenes, Sergio Hernández, en la búsqueda de entregar en cada envío el toro bravo, alegre y emotivo, como lo ofrecieron en la corrida 21, la última de triunfal cierre.
El tronco se llama ¡Rancho Seco!
La campaña 2011-2012 será recordada por mucho tiempo por los múltiples matices ofrecidos: los mejores de España, refresco de toreros, rabos cortados únicamente por mexicanos, memorables despedidas de subalternos, “Pelea de Gallos” dentro del musical repertorio, sellos, estilos y capacidades en oro.
A tres toros se les cortó el rabo: “Buen Mozo” de San Isidro a manos de Arturo Saldivar en la tarde inaugural; Charro Cantor” de los Encinos, en memorable faena de Diego Silveti en la sexta y “Príncipe” de Los Encinos en la 16, obra de Fermín Spínola.
Se cortaron 47 orejas, descritas en la anterior entrega.
En toros de regalo hubo 17; ahora que la ganadería de San Isidro se convirtió en importante al enviar dos corridas, la inaugural y la 12.
Xajay en su punto de dehesa importante, como que fue seleccionada para el aniversario 66.
Ahora vayamos a los toros de trasmisón: Alfredo Gutiérrez tuvo en “Don Hipólito” de Campo Hermoso al burel para reencontrarse; y “Zotoluco” con “Seda Gris” de Don Fernando de la Mora en la 13 y con “Libanés” de Julián Hamdan durante la 17 para explotar las grandes entradas, sin necesidad de recurrir al habitual regalo.
Y la ganadería de Cuatro Caminos supo aguardar el momento para enviar un encierro, puesto y presentable, con el principal ingrediente, circunstancial envuelto en corazonada, bravura, que a la postre le entregó a la Gran Temporada 2011-2012 seis toros y, de ellos, el mejor entre 150 ejemplares, “Conchito” a los que se les dió suelta en la plaza México.
Ni qué decir con Diego Ventura con su lote de La Estancia y uno de regalo de Julio Delgado, como para competir con el grandioso Pablo Hermoso de Mendoza.
Pero este cartel de “Zotoluco”, Alfredo Gutiérrez y Diego Ventura se quedó en la imprenta.
Hubo tres toros devueltos: “Fiesta Eterna” de San Isidro para Enrique Ponce, “Mexicano” de Arroyo Zarco que le correspondiera a Rafael Ortega y “Libertad” de Xajay, sorteado en José Mari Manzanares.
San Isidro (2), Marrón, Bernaldo de Quirós, La Punta y Rancho Seco, El Nuevo Colmenar, Los Encinos, Villa Carmela, La Punta y Campo Hermoso, San Marcos, La Estancia, Arroyo Zarco, Fernando de la Mora, La Punta y Barralva, Xajay, Los Encinos y La Soledad, Julián Hamdan, La Estancia y Marco Garfias, San Judas Tadeo, José María Arturo Huerta y Cuatro Caminos, desfilaron en ese orden.
También se dice que no hay quinto malo. Y Fabián Barba lo confirmó al sentir, de principio a fin, la embestida de “Conchito”, herrado a fuego con el numero 117 y 479 de romana, cuajándolo, término final, que requiere de todo un proceso de entendimiento; a la antigua se decía “fundiéndose”, en hambre, entrega y capacidad; esta vez, artística en luminosos tintes, capaces de arrancarle a la musical banda “Pelea de Gallos” con el coro ¡Viva Aguascalientes!
Eso, sólamente lo da la Fiesta Brava.
El toro llama. El heno decembrino lo tiñe, primaveralmente viaja desde Tlaxcala hasta Distrito Federal, en su punto, catadura y trapío, como en la Epoca de Oro: Rancho Seco, Hernández, Carvajal, Pavón, Weber, Aloi y Cosio forman la química corte.
Esto vale más que un “Pajarito”.
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