El poder del primero se cobró con oreja y firme reconocimiento, en tanto los bocinazos empañaron al segundo. Tres avisos a Carlos Casanueva y un bajonazo le salvó de irse vivo el cierraplaza.
Ese “Farolero” pudo haber sido el astado del encierro enviado por Villa Carmela, pero.
Ahora que se ha vuelto cotidiano ver el toreo español, fincado en la famosa pierna de salida, que gusto ha sido observar la asimilación de Diego Emilio en sitio, trazo y poder frente a dos distintos bureles de comportamiento sacándoles partido.
El socillo abreplaza le desarmó al primer capotazo, sin embargo a base de bregarlo le fue descubriendo la claridad para el momento de tomar la roja. Firmas y De pecho el línea fueron el saludo y paulatinamente cruzándose hasta exprimir el lado izquierdo.
Porque al cambiar de lado bastaron los dos primeros Derechazos y un tercero de vuelta entera para encumbrar la faena en ese movimiento sincrónico de compás. Quietud en un palmo de terreno para continuar en redondo y ajuste por Manoletinas.
Perdió un tiempo al entrar a matar, pero lo reencontró al sepultar la perpendicular estocada valedera para la única oreja. El firme cierre vendría al darle suelta al cuarto.
“Hortelano” nada quiso con la capa, de no ser el mostrar su dureza ante la muleta. Y si de tragar se trata, Emilio no se arrugó. Una lidia serena, sin huir a los derrotes soportó hasta imponerse cara a cara. Media y entera en buen sitio se aderezaron con palmas.
En el nombre llevaba la fama, “Farolero”, como el pasodoble cantado por Juan Legido. Así embestía al mando de Antonio en los señoriales Parones de recibo, el Lance, Recorte y Rebolera. A más en su pronto comportamiento al ser llevado por andantes a caballo.
Pero, oh, puyazo caído y contrario, lamentablemente, esta vez, de Salomón Aspeitia, repercutió en la faena; algo quedó en el quitazo por Saltilleras cambiando cada viaje. Vamos, todavía aguantó el cuarteo abierto y lucido de Fernando García.
Pues al iniciar la segunda tanda por derecha empezó a rebrincar en un claro cambio de lidia. Eso no fue óbice, pues Mendoza le supo caminar con elegancia surcando Fimas y Trincherillas al paso. El desencanto vino con la espada en ese par de avisos.
Escaso juego tuvo el que hizo quinto, pero gracias al recurso de las florituras, Antonio pudo lucir como en aquella Vitolina y soberbio Desdén. Ya el mal de la espada es copia al carbón, lo triste es que se está convirtiendo en pinchauvas, pues hasta en banda se fue entre un aviso.
Se revolvía, así se decía antaño, en palmo de terreno, el tercero de sorteo, pese a ello Casanueva se plantó en los medios de rodillas y quitó por Faroles invertidos llevándose rayón y
rasgaduras de terno. Emilio, por segunda vara, quitó combinando Antiguas y Tafayeras; por réplica, Carlos respondió con Caracolinas.
Pretendió iniciar de rodillas y en girones quedó el terno. A partir de ahí perdió la brújula y con la espada se puso en plan cazador hasta escuchar los tres avisos. Así, sin encontrar norte se enfrentó al cierraplaza, recibiendo a Portagayola y volando el capote al segundo intento.
Saliéndose de la suerte en cada muletazo y sin rumbo encontró la solución con un espadazo bajo que le premiaron con las palmas cuando la lluvia había auyentado a gran parte del público.
Diego Emilio anda en otro tenor, del bueno; Antonio avanza en telas y sigue estancado con el acero.
FICHA.-Plaza México, primera novillada de temporada, bajó clima variado: sol, viento y lluvia.
Asistencia.-Unos dos mil quinientos espectadores.
Ganadería.-Villa Carmela. Encierro ligero de peso. Uno sobresaliente, dos ofensivos de cuerna; indefinidos en su mayoría. Pesos: 420, 408, 418, 412, 380 y 415.
Diego Emilio.-Oreja y palmas.
Antonio Mendoza.-Dos avisos y aviso.
Carlos Casanueva.-Tres avisos y palmas.
Subalternos destacados.-Fernando Garcia y Gabriel Luna en banderillas.
Minuto de aplausos en homenaje póstumo a Jacobo Zabludowsky.
Juez de plaza.-Jorge Ramos, acertada conducción.
Insidencias.-Rechifla reprobatoria por uso de camioneta en lugar de tiro de mulillas.
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