Quinto en el orden, tras alterarse el orden de lidia por fractura de pitón al abreplaza. Electrizante, Alfredo Gutiérrez le liga hasta siete Verónicas y en el mismo tono de rapidez, remata con la Media y Rebolera. Multipuyazo para bajarle fuerza. Se cambia el tercio y, el picador desobedece la orden quedándose en el ruedo en busca de mayor castigo.

A duras penas, Fermín Quirós y Luis Alcantar cubren el tercio de banderillas, sin caballo alargan un sólo brazo para cumplir requisito.

La bravura es manifiesta y el respeto, también. Por la cara el inicio de faena y viene el primer desarme, pero en cuanto se alivia el torero tapándole la cara al Don se convence que le puede, aun tragando.

Y bajo esa tónica de Tragar le liga hasta cuatro series; todas por derecha; por lado contrario nada quiere saber Alfredo. Hay emoción en el ruedo y en el tendido cubierto por unos mil quinientos espectadores en esta tarde de lunes, de quinta corrida de temporada en La México.

Esa bravura no permite errores. Viene el segundo desarme. Y de las alturas se escuchan los gritos de Toro-toro. Así sin remate de faena, Gutiérrez sepulta la espada en lo alto. ¡Puff! Oreja en el mar de confusiones, pues no se alcanzó a aplaudir la bravura dejada; más bien, coartada.

Ignacio Garibay fue el otro torero de a pie, al tercio en uno y opiniones encontradas en el otro por su exceso de precauciones. El rejoneador español Leonardo Hernández, premiado con dos orejas de su primero y abucheo al cerrar de horrendo bajonazo.

Dos toros de Don Fernando de la Mora y uno de Marrón para caballos; cuatro más de Marco Garfias.

Prácticamente, Gutiérrez abrió el festejo, al fracturar los subalternos el pitón en tableros del primero. Faena robando un tiempo a cada suerte, tanto de inicio como de remate, pese al buen lado derecho ofrecido por El Mono. Pinchazo, entera; palmas.

Entonces, Leonardo, enfrentó al cuarto, extraordinario y emotivo fiel al hierro de Don Fernando de la Mora. Bastó un rejón de castigo para aprovecharlo, a su modo, en banderillas, con sus Quiebros marcados a medio viaje dando sensación aparente de reunión. Cortas y la Rosa para cubrir la cruz. Rejonazo contrario y bajo. Y Zaz, dos orejas.

Arrastre lento a Morris por su bravura, siempre yendo firme hacia las cabalgaduras, con y sin rejones de por medio.

Dos versiones ofreció Leonardo con el cierraplaza de Marrón: sus distantes Quiebros y ya mermada la fuerza de Papelero, el toreo de reunión. Así, sí, banderillas a dos manos, cortas y lucimiento en la suerte de el Teléfono”. Pero el Metibaja apaga todo.

Garibay bosquejó un hermoso panorama de capa, desde el recibo en Verónicas y sus Chicuelinas para conducir a “El Gallo, tercero en el orden. Ya por ahí aislados Derechazos de buena factura, pues vino La Doble D, duda y desarme. Y hasta ahí llegó su ánimo torero. Al tercio tras Media a un tiempo y par de descabellos.

Porque al sexto, otro “Don” de similar presencia, también de Marco Garfias, no lo quiso ver ni en pintura; menos cerca de su cuerpo. Y entre extremas precauciones abrevió; fue gracias a un certero espadazo como le sonaron las palmas al eco de abulia, desangelamiento y temeridad.
Así, no. La tarde se la ha llevado “Don Ramón”, el que impuso en Don de la Bravura.

Alfredo tragó, pero cortó, tiempo de faena, oreja. En Leonardo vimos al caballista; queda a deber al rejoneador.

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Video: Julián Herrera

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