Ese día se desgranó la escencia torera de Don Alfonso con un cuadro flamenco, entre su esposa Alicia y sus hijos Alfonso, José Antonio y el Curro, además de su nieto César Alfonso “Calesa”, y su hija Marueugenia.
En tan singular fecha le pregunté al matador a qué obedecía el sobrenombre de “Calesero”. Y con toda honestidad me dijo: “El día en que debuté de novillero me fue tan mal que mi apoderado me sentenció: tú no naciste para el toreo, si quieres seguir en esto, olvídate de nombre. Entonces, le pedí otra oportunidad y él me contestó:
Sí quieres continuar en esto tendrás que olvidarte de tu real nombre. Y a partir de ese momento me llamé “El Calesero”.
La oportunidad se me brindó y fue tal el éxito que me encubrí en el mote y a partir de ese acontecimiento pasé a ser de Alfonso Ramírez en El Calesero.
Esa experiencia me vino tan bien que está reflejada en una pintura; en ella se revela como mi mozo de espadas me trenza la coleta y tal parece que está entrelazando una natural trenza tan parecida a la que usaban los caleseros cuando conducían las carretas.
“El Calesero” despuntó en grande en la parte final de su carrera. Allá por los años 50 en sus mano a mano con Luis Procuna dentro de los carteles del desaparecido El Toreo de Cuatro Caminos con las actuaciones de Carlos Arruza como rejoneador, Don Luis Castro “El Soldado”, Curro Ortega, Juan Silveti hijo, pero sobretodo “El Berrendito de San Juan”, bajo las miradas de Agustín Lara, María Felix y Paco Malgesto.
Era tal la casta torera del hidrocálido que en un toro de regalo, las cuadrillas le pedían un extra de sueldo al enfrentar el toro. Y con esa prestancia les contestó: pues yo me trepo al caballo a picar el toro y ustedes vayance a chin…. “Calesero” entonces se subió al caballo e hizo las veces de piquero y matador, en gran apoteósis que los dos alternantes salieron a hombros de la plaza cuatrocaminera.
El Poeta del Toreo, El artista del Segundo Tercio, y La Naturalidad del Toreo cobraron vida gracias a un superdotado que encontró al final de su carrera la razón de haber elegido una profesión: ¡Torero!
Dúctil, maleable, encausador fue el capote en sus manos al igual que las banderillas; hasta el momento nadie ha fundido los arpones para depositarlos en lo más alto de la tauromaquia como Don Alfonso.
Echa, Pecha, Calesa. Como aquella tarde en que con su hija Maria Eugenia sellamos el reportaje.
La Caleserina, Los Faroles Invertidos y el muletazo de El Duende quedan entre sus creaciones, aunque lo más importante es refrescar la huella de artístico sello.
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