Eloy Cavazos lidió a un cárdeno claro de la ganadería de Guadiana, con el que estuvo bien con el capote lanceando a la verónica, con la muleta demostró lo profesional y el quehacer que siempre ha tenido, corriendo la mano con clase por el lado derecho, en pocas palabras una faena típica del diestro, tras dejar una estocada en buen sitio, la autoridad le negó el apéndice que el respetable demandaba, terminando todo en una salida al tercio y escuchando una fuerte ovación.
El arte se llama Fermín Espinoza Armillita, quien desde la capa toreó con clase y temple, remandando con una media muy suave. Con la muleta, su quehacer templado, llenó de arte y cada muletazo fue tan largo como el quiso, esto sin exagerar, pues el olé era sonoro, a tal grado que calaba hasta los huesos. Tras cobrar buena estocada, se le premió con una oreja, misma que paseó con fuerza, valiéndole al final del festejo el galardón de Cristo del Encino.
Humberto Moro se enfrentó a un novillo de José Julián Llaguno, que fue enrazado por lo que obligó al maestro a realizar una faena riñonuda, mostrando el sitio que atesora, metiéndose entre los pitones para arrancar los muletazos los cuales encontraron eco ante el respetable. Con la espada no tuvo suerte, se retiró entre aplausos.
El tercer astado fue para Alfonso Ramírez El Capitan, un novillo áspero por ambos lados, procedente de la ganadería de Valparaíso, este fino maestro lanceo a la verónica. Con la muleta la lidia ofrecida por su enemigo siguió igual, por lo que estuvo en valiente, sacando a cuenta gotas los pases. La gente le reconoció lo bien hecho con una fuerte ovación.
Luis Fernando Sánchez lidió un novillo de Sierra Ortega, un negro bragado, con el que instrumentó a la verónica con clase. Con la tela roja, el diestro lo entendió a la perfección ya que el novillo regateaba las embestidas es por eso que sacó uno a uno los pases con clase, metiéndose entre los pitones y pasándolocelo muy cerca. Con la toledana en la derecha cobró un estocadon hasta los gavilanes, para dar una vuelta al ruedo con fuerza.
Eulalio López El Zotoluco, lo más fácil de su quehacer sería decir que estuvo en lo que es… una figura del toreo, y así lo demostró al enfrentar un novillo de la ganadería de Marrón, el cual fue bueno y bravo, con el que el maestro estuvo haciendo quites muy suaves, rematando con una media muy lenta. Con la muleta, más que profesional entregado toreando con maestría, clase y sobre todo con calidad, entendiendo a la perfección a su socio. Con la espada se puso pesado, tras su labor salió al tercio con mucha fuerza.
El último de la tarde fue para Jorge Mora, un novillo de Cerro Viejo, dejó ver una faena onda y artística desde que se abrió de capa, instrumentando a la verónica con clase. Con la pañosa, dejó ver clase y pinceladas de arte, en especial por el lado izquierdo, en donde gustó y se gustó, en donde el diestro aprovecho las buenas condiciones del novillo, dos pinchazos y palmas.
Foto: De Archivo
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