Aquella tarde soleada, momentos antes de tan anhelado logro para un torero, el equipo de Toroestoro fue recibido con gran amabilidad en el hotel donde se hospedaba Oliver Godoy, quien nos compartió su intimidad, y nos adentró en tan sagrado ritual donde confecciona su figura con el traje de luces el cual está envuelto de misticismos. El elegido fue en color celeste y oro, dejando atrás el salmón y el blanco y oro que también lucían en ese sitio.
Mientras se vestía en aquella habitación, se vivieron instantes de un silencio ensordecedor, de extrema energía y sensaciones inexplicables, donde los presentes se volteaban a ver con miradas de ansiedad e incertidumbre por tan importante y bello momento que sería para quien ese día dejara de ser novillero.
Oliver fue disfrutando cada uno de los detalles mientras se enfundaba el terno, tenía una mirada llena de ilusión y deseos de triunfo. Así llegó la hora de pasar de la intimidad a lo sublime, que es la comparecencia con el todo poderoso, tiempo en el cual tuvimos que dejarlo a solas.
Y después el momento esperado… la alternativa del torero que llevó como padrino al maestro Julián López El Juli, atestiguando el acto Arturo Macías. El toro que pasará a la historia del reciente matador se llamó Pardito con el número 903, el cual brindó a toda la afición que le ha seguido en sus triunfos y fracasos. El segundo astado de su lote fue el número 921 de nombre Vencedor, donde tuvo el detalle de brindar su vida a los seres que le dotaron de ella.
Al final una tarde que jamás olvidará el Doctor en Tauromaquia, a quien le damos la enhorabuena por llegar a esta meta. Que la mejor de las suertes le acompañen y ojalá su mente siempre este encaminada a ser la gran figura que espera este país.
[pagewrap=compartir.htm]