Mi amigo como lo fue de todos los taurinos de la Perla de Occidente, desde la plaza El Progreso, el viejo de San Juan de Dios, desde siempre, desde que decidió ser novillero hasta que vendió su ultima gordita de chicharrón y su última torta ahogada.
Siempre acompañado de la mejor sonrisa y de su inseparable albur, atento y cordial hasta para “las mentadas”, con un gran poder de convocatoria El Güero reunía en torno de una mesa de lámina a lo mas granado del mundillo taurino tapatío. Antes, durante y después de un festejo, con el Güero “caían” desde los mas encumbrados matadores de toros en activo o retirados, apoderados, subalternos, picadores, cronistas, periodistas, chismosos y hasta alguna que otra dama “con oído de artillero” y cuando andaba de suerte, hasta había quien le pagaba lo que servía.
Cuantas charlas amenas, cuantas anécdotas, cuantos chismes, salpicaban aquellos ratos amables de convivencia en ese templo de “sabiduría” taurina donde “el más chimuelo masca tuercas”. Te vamos a extrañar mi querido “Güero”.
Descanse en Paz el buen amigo, el buen taurino, el buen padre y buen hermano Don Rigoberto Silva.
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